15 de julio 2003 - 00:00

Secretos de Hepburn salen a la luz

Nueva York - Durante años, su único título fue el libro secreto. Hace 20, Scott Berg, un joven biógrafo, empezó a escribirlo con la promesa de guardar silencio. Desde entonces, era fácil prever que sería un bestseller, pero menos de 10 personas en la editorial Putnam sabían de su existencia. Todo estaba preparado. El texto terminado desde hace dos años, las fotos seleccionadas, el diseño listo. Faltaba sólo un detalle, que Katharine Hepburn muriera.

En 1983, la actriz, fallecida hace dos semanas, accedió a hablar con Berg y a contarle sus intimidades abiertamente con el único requisito de que esperara a su muerte para publicar la biografía. El resultado es «Kate Remembered» («Kate recordada»), que llegó por sorpresa a las librerías americanas.

El libro es una crónica de la historia de la actriz contada por ella misma, con los detalles de la vida privada de la que, como norma general.

Con Berg, la actriz discutió incluso del alcoholismo de Spencer Tracy, su pareja pública durante décadas a pesar de que él siempre estuvo casado con otra mujer. Hepburn buscó hospitales para internarlo sin que Tracy quisiera reconocer su adicción. Incluso una vez, según cuenta la actriz, la abofeteó. Hepburn trataba de meterlo en la cama, una noche en el Beverly Hills Hotel, cuando él le cruzó la cara con el dorso de la mano. Estaba tan borracho que nunca recordó aquel incidente.

Tracy
nunca pensó en divorciarse, tenía problemas emocionales y no encajaba con la familia Hepburn, de la aristocracia progresista de New Hampshire -«bien educados, disidentes y explícitos»- pero Kate siguió a su lado. El autor insiste en por qué no lo abandonó. «¿Qué sentido hubiera tenido dejarlo? Lo amaba.Y quería estar con él. Si lo hubiera dejado, los dos habríamos sido muy infelices», contesta la actriz.

En 20 años de amistad, Berg relata encuentros, llamadas telefónicas y bromas con una mujer fuerte y mandona. Hepburn también confiesa que posó desnuda cuando estaba en la universidad, y que siempre le asustó pensar que antes o después las fotos saldrían a la luz. Por muy liberal que fuera su familia, su desnudo no sería una buena noticia para la intelectual clase alta de la Costa Este.

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