Show apenas digno en renovado Chiquín

Espectáculos

«Sueños de tango». Con Ricardo «Chiqui» Pereyra (voz), M. Romano (voz), Cuarteto típico dirigido por Leonardo Marconi, parejas de baile y grupo Los Andinos. (Chiquín Buenos Aires.)

La primera impresión al ingresar al remozado Chiquín es de sorpresa. Este restaurante, fundado hace 100 años a pocos metros de su actual ubicación, y del que fueron habitués figuras emblemáticas de la cultura porteña como Gardel, Borges, o Carlos Pellegrini, estuvo mucho tiempo cerrado y alcanzó un alto grado de deterioro. Por eso, es agradable reencontrarse con un salón puesto en el mejor nivel, con una lujosa bodega en el sótano y con una muy buena propuesta gastronómica.

Paradójicamente, sin embargo, la oferta artística musical con la que pretenden seducir a los turistas por las noches, no está en el mismo nivel superlativo del resto. «Sueños de tango» es un show aceptable, con Ricardo «Chiqui» Pereyra como figura central y con un respetable elenco de músicos, bailarines y una cantante femenina. Pereyra es el plato más fuerte interpretando temas como «Naranjo en flor», «Tiempos viejos», «Uno», «Yira, yira» o «Cuesta abajo». El respaldo sonoro lo da un cuarteto típico dirigido por el pianista Leonardo Marconi -que logra su lucimiento con la cadencia de «Adiós Nonino» que interpretara Pablo Ziegler en el conjunto de Piazzolla. La cantante Mónica Romano es discreta en sus interpretaciones de «El choclo», «Cantando», «Nostalgias» o «Malena». Los bailarines, dirigidos por Graciela Cabrera, sólo por momentos logran escapar de los formulismos más convencionales -con más movimientos en el aire que en el piso-; y aunque son profesionales en su trabajo, aportan poco desde la creatividad. Y el agregado del grupo Los Andinos retoma una tradición «for export» de sumar el folklore a los espectáculos tangueros. Resumiendo. Un lugar privilegiado en el centro de Buenos Aires a metros del Obelisco, y un espectáculo que, aunque digno, no está a la altura del resto.

R.S.

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