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Roman Polanski se apresta a estrenar «Oliver», su versión del clásico de Charles Dickens, «Oliver Twist» que cuenta con un presupuesto de 60 millones de dólares, la producción más cara en sus 50 años de carrera. Según el cineasta, conseguir ese dinero no fue cosa fácil, pese a que cuando encaró el proyecto venía de ganar el Oscar al mejor director por «El pianista». Para él, esa estatuilla «sólo añadió presión, no dinero», a su nueva aventura. «Naturalmente cuando ganas un premio algunas cosas se vuelven más sencillas; negociar con los distribuidores, con los productores, con los directivos de los estudios. Pero eso no te da carta blanca», dijo Polanski antes del estreno de la película en Praga, la ciudad donde la filmó. Tardar tres años desde que hizo «El Pianista» agregó Polanski. «De película en película es más y más difícil decidir qué vas a hacer después. Y pasa más y más tiempo entre cada película», dijo.
Un juez británico llegó ayer a La Habana para seguir el proceso legal en el que dos compañías musicales, una estadounidense y otra cubana, se disputan en un tribunal de Londres la propiedad de la música de «Buena Vista Social Club». El juez, Sir John Edmund Frederic Lindsay, escuchará en La Habana testimonios de compositores y herederos de éstos para dirimir el conflicto entre el sello Peer International Corporation y la Editora Musical de Cuba (EMC). La inusual decisión del juez de viajar a Cuba fue dictaminada por él mismo en mayo pasado, ante la mala calidad de testimonios de los videos que debían ser escuchados durante las audiencias. La firma Peer dice tener los derechos de muchos de los temas del álbum «Buena Vista Social Club», cuyas canciones son interpretadas por leyendas como Compay Segundo, Ibrahim Ferrer y Rubén González -ya fallecidos-, Omara Portuondo, Eliades Ochoa y otros veteranos de la época de oro de la música popular cubana. Pero EMC reclama para los herederos de los compositores pagos por canciones que asegura nunca se hicieron y alega que los contratos originales no son válidos porque fueron «ofertas inescrupulosas» que no están reconocidas por la ley. Peer decidió demandar a Termidor Music Publishers, que reclama los derechos exclusivos a través de EMC, y que buscó registrarse como la propietaria de las composiciones musicales en Gran Bretaña.
ARTE DE LA POLEMICA
La Tate Gallery de Londres pagó 295.000 libras (unos 431.000 euros) al pintor Chris Ofili por una polémica instalación en la que los 12 apóstoles de la Utima Cena aparecen representados por otros tanto monos. Según «The Times» esta compra implica un supuesto conflicto de intereses, dado que el artista es al mismo tiempo miembro del patronato de la galería. La Tatese negó en un principio a revelar el dinero pagado por la instalación, pero se vio obligada a ello por la nueva Ley sobre Libertadde Información del Reino Unido. La galería confirmó haber abonado al pintor un total de 295.000 libras: 120.000 de sus propios fondos, 100.000 de los miembros de la Tate, y 75.000 del Fondo Nacional para las Colecciones de Arte. Esa suma representa, sin embargo, la mitad del dinero cobrado por el artista, señala el periódico, según el cual el resto, que podría llegar a 600.000 libras (unos 876.000 euros), procede de benefactores privados a cuya generosidad apeló la galería londinense Victoria Miro, que representa al artista. El periódico británico califica de « sorprendente» que la Tate Gallery consiguiese reunir tanto dinero para esa instalación poco después de que sus responsables hiciesen un llamamiento a otros artistas para que donasen sus obras ante la falta de fondos del museo.
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