Los
integrantes de
«El diablo en
la boca»
sorprenden
con sus
improvisaciones,
aunque cada
show depende
de cuán
brillantes
estén.
«El diablo en la boca». Espectáculo de improvisación musical. Con Alejandro Oliva (percusión, dirección), Mariana Pereiro (voz), Maia Mónaco (voz, percusión) y Cassandra da Cunha (voz). Invitados: Pablo Monteys (saxo soprano, clarinete bajo) y Gabriel Spiller (percusión). (NoAvestruz, 5 de agosto; repite todos los domingos).
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La base de «El diablo en la boca» está en el trabajo de tres mujeres cantantes y un músico percusionista. Todos con amplia formación y trabajos diversos -tanto en el terreno de la música como en el del teatro-, se quisieron dar un gusto: el de lanzarse al escenario para experimentar con timbres, ritmos, climas, texturas, a partir de las posibilidades que brindan la voz humana y los golpes sobre los más diversos objetos.
Lo que propone esta formación -en un galpón teatral perfectamente apto para este trabajo- no debe mirarse, entonces, como un espectáculo convencional. En principio, porque claramente no lo es; es decir, no existe aquí un plan preconcebido, ni una «lista de temas», ni canciones o piezas instrumentales con un formato conocido, ni un desarrollo predecible. Pero además, porque justamente está en la sorpresa -no sólo para el público, sino para los mismos integrantes del grupo- el eje de la propuesta.
De sólida técnica vocal y teatral, las tres intérpretes responden a los mandatos improvisatorios del director Alejandro Oliva. Es él quien, desde sus tambores, cajones y demás chirimbolos de percusión o, sencillamente, desde el lugar de un podio imaginario, va conduciendo la improvisación. Se mezclan así climas densos y livianos, frases repetidas y susurradas, gritos a diferentes alturas, «glissandi», marcaciones rítmicas con o sin pulso fijo, «tutti» y solos o dúos.
A ellos se suman, en algunos casos, dos artistas invitados: el percusionista Gabriel Spiller y el saxofonista y clarinetista Pablo Monteys Los resultados de la experiencia -obviamente diferente en cada presentación- dependerán de la inspiración de cada momento. Y así sucedió en la función de estreno, en la que convivieron «piezas» mejor logradas y otras lindantes con el tedio.
De todos modos, nadie debería sentirse engañado. Está bien claro lo que propone este grupo. Y aunque este tipo de experimentaciones puedan resultar algo antiguas, puede ser atractiva para un público que quiere descubrir posibilidades creativas, sobre todo en la voz femenina, que no suelen estar presentes en la música que se escucha a diario.
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