"Shrek Tercero": un ogro cada vez más verde

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«Shrek Tercero» («Shrek the Third», EE.UU., 2007; habl. en inglés o en mexicano). Animación. Dir.: C. Miller y R. Hui. G.: A. Adamson.

Seis años atrás, el primer Shrek tuvo el vigor de la originalidad: un ogro, asistido por un burro, rescataba de un dragón a una princesa que terminaba siendo, también ella, una ogresa. Y tampoco el dragón era tal, sino dragona, y se enamoraba del burro. Surrealista parodia al folklore de los cuentos fantásticos.

La segunda parte, también espléndida, empezaba a emprender el giro al humor adulto, satirizando a Hollywood con un libro casi de sitcom, e incluyendo otros personajes de la tradición del XIX, como el Príncipe Azul (llamado «Encantador», aunque de dudosa virilidad), el gato con botas en versión maleva y un Pinocho de placeres un tanto perversos.

A «Shrek Tercero» no le quedan, desafortunadamente, muchos giros por dar (¡qué bien que hizo «Toy Story» al emprender la retirada luego de la segunda parte!) y, como es lógico, se repite. Y, cuando no lo hace y trata de ahondar en nuevas posibilidades creativas y humorísticas, suele caer en un gusto un tanto dudoso (por ejemplo, la escena de la pesadilla del ogro inundado por miles de vástagos, luego de enterarse por Fiona de que va a ser padre, es discutible), o reforzar demasiado el humor adulto: el ogro es cada vez más verde (en un momento, se le oye decir al barman travesti: «El príncipe Encantador me calienta más que el sol de la mañana!»). El nuevo Shrek incorpora también otros personajes, pero de manera menos divertida. Como los árboles parlantes de «El mago de Oz», o el Rey Arturo, a quien se ve como un nerd de campus universitario, sometido al maltrato del líder Lancelot y de otros energúmenos. También, pero con más gracia, aparecen Rapunzel, que traiciona al colectivo de princesas, y Rumpelstiltskin (conocido en español como «el enano saltarín»), que protagoniza una de las escenas más afortunadas, sobre el desenlace, que también funciona como parodia a los mensajes moralizadores del cine de Hollywood.

Si bien cada vez más impresionante desde el punto de vista de la animación, «Shrek Tercero» no alcanza a mantener en el mismo nivel de interés el desarrollo de su historia, como sí ocurría con las partes precedentes. La misión de Shrek por entronizar a Arturo (a quien los «cuates», en el doblaje mexicano, llaman «Artie»), o la preocupación por su futura paternidad, serán difícilmente asuntos de gran interés para los chicos. Y ese es un problema: definir bien el público, «target» que ahora se mezcla tanto como la descendencia del burro y la dragona: asnitos alados que echan fuego.

A propósito del personaje del burro, tan chispeante antes, aquí pierde protagonismo, y algo parecido le ocurre al gato que dobla Antonio Banderas, que vuelve -y el burro lo imita- a poner esos ojos tristes que tanto efecto tuvieron en la segunda parte. Y que una película empieza a citarse a sí misma suele revelar cierta fatiga.

M.Z.

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