4 de diciembre 2002 - 00:00
"Siempre parto de lo que me molesta de gente que aprecio"
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Periodista: ¿Cómo nació esta nueva película?
Eduardo Montes Bradley: Mi premisa es acercarme a las cosas que me molestan de la gente que aprecio. Hablar solo de aquello en lo que estamos de acuerdo, no me convence. Por eso, buscando abrir un debate, hago esto que defino como «apunte para un documental sobre Cortázar». Lo mío es un borrador, un diario de viaje, sobre el diálogo entre París y Managua, por ejemplo, pero también es un homenaje, ya que él siempre cuestionaba la realidad. Además, era tantas personas a la vez, que sólo podemos tomar apuntes. Imposible hacer una biografía cerrada.
P.: Entrevistó gente, consiguió imágenes desconocidas...
E.M.B.: Conseguí mucho, que desmiente mucho de lo que otros dicen. Evité las miradas institucionales, por eso deseché tanto a Vargas Llosa como a los cubanos. En cambio hay testimonios de gente como Manuel Antin, que lo trató de antes, Ernesto Cardenal, explicando que el sandinismo cayó por su propia corrupción (alto nivel de madurez tiene el señor cura, mientras otros siguen hablando de complots extranjeros), e Ismael Viñas, diciendo que Cortázar no se enamoró de la revolución, sino del tropicalismo. Como decía Jorge Giannoni, «a mí, palmeras, una mulata, y un balde de arena».
•Jeckill & Hyde
E.M.B.: Más bien un poquito Mr Jeckill & Mr Hyde, como él mismo se definió un par de veces, pensando que los placeres burgueses son monstruosos, pensamiento que también es una monstruosidad. Pero también fue el único del boom que no se enriqueció. Todos acumularon una merecida fortuna, tienen su casa en Londres, y él en cambio era un bohemio, que dejó sus derechos de autor a unas causas perdidas, y su hogar, una simple boardilla parisina, a su albacea y primer esposa, Aurora Bernárdez. Gentilmente, Bernárdez me dio 40 latas de Super 8, que usé en la película, donde él aparece bailando con Octavio Paz y los sirvientes de la Embajada Mexicana en la India, o en la playa con su última esposa, Catherine Dunlop (ella en topless). Me gustó rescatar de ese modo al Cortázar juguetón, más interesante incluso que el otro, comprometido. En el fondo, siento que estoy hablando de mí mismo, de mis propias agachadas, de las de mi generación.
P.: ¿Qué viene ahora?




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