6 de noviembre 2001 - 00:00
"SOBREMONTE, EL PADRE DE LA PATRIA"
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«Sobremonte, el padre de la patria», de I. Apolo. Dir.: S. Rosenblat. Vest.: J. Suárez. Mult.: R. Fernández. Mús.: C. Lerner. Int.:
F. Caicedo, P. Audivert y elenco. (Teatro San Martín.)
Pocas veces el material de una novela se presta para una adaptación teatral. Cuando en la trama se mezclan intrigas políticas en las que intervienen varios bandos en pugna y diversos personajes que lideran grupos movidos por intereses diversos, lo más posible es que todo redunde en confusión.
Nadie se salva, ni siquiera el pueblo, que a pesar de sufrir las consecuencias, aprovecha el caos para beneficiarse, cometiendo actos de rapiña.
La puesta contribuye a la confusión; la permanente inclusión de imágenes proyectadas en la enorme pantalla prevalece sobre lo que sucede en escena y el vestuario adocenado resalta el esquematismo de los caracteres.
La puesta de Sergio Rosenblat compite con la dirección de multimedia de Ramiro Fernández y con las canciones de César Lerner, caprichosamente insertas a lo largo de la tediosa trama. Un espectáculo «a lo Piscator» en el que los menos favorecidos son los actores.
Lejos de su «Peer Gynt», Franklin Caicedo hace de Sobremonte una «machietta». Sólo Pompeyo Audivert logra crear una figura coherente del rufián que maneja el prostíbulo, cuyas «pupilas», según la versión, parecen ser verdaderas heroínas.
Con más sencillez y menos pretensiones, Discépolo logró describir en su tango «Cambalache» la miseria moral que nos aqueja.



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