«Como en un tango», de Beatriz Matar. Int.: María Fiorentino y Rubén Stella (Teatro Picadilly).
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Un encuentro casual en una plaza: un hombre y una mujer y distintas posibilidades de juego. Una unión que demora en producirse, y que permite a dos excelentes intérpretes mostrar la calidad de sus recursos.
La pieza de Beatriz Matar es confusa y puede adivinarse que el juego de los actores ha intervenido en su resultado final, aportándole patetismo, finura y emoción, aunque algunos juegos, como el de la nena, son de dudoso gusto, por más que ellos lo desarrollen con gracia.
Es que «Como en un tango» abreva por momentos en el teatro del absurdo y la presentación de la mujer al comienzo tiene el sabor de una pieza de Obaldía. Pero los intérpretes rellenan todos los baches logrando que la pieza, compuesta de diversos esquicios, se unifique, y la presencia fuerte de tangos memorables encuentra eco inmediato en el público. María Fiorentino pasa de uno a otro personaje con increíble ductilidad. Es comunicativa, tiene una buena figura y una bella voz y se anima a esbozar un strip-tease con la sensualidad necesaria. Rubén Stella, por su parte, demuestra con su labor que sería lamentable que hubiera dejado el teatro en pos de una carrera política (como se sabe, actualmente se desempeña como secretario de Cultura de la Nación). Es un actor de enorme envergadura, capaz de conmover, como sucede en el breve monólogo en el que confiesa que lo han declarado prescindible; o de mostrar violencia cuando tiene amenazada su privacidad, y de pasar del texto a entonar una letra de tango sin quebrar el discurso emotivo. También da relieve a la faceta del guapo, con una intención clara-mente paródica.
El espectáculo es, entonces, una lección de actuación que deja flotando la pregunta que uno de los espectadores pronunció en voz alta a la salida de la sala: «Por qué se eligen textos que más que ayudar a los actores, los obligan a remediar sus fallas?».
Se podría arriesgar que tal vez sea porque ellos sienten placer de participar como co-creadores de un espectáculo en el que es evidente que las improvisaciones jugaron un papel preponderante. Y en el cual la actriz tuvo que encargarse de diseñar su vestuario.
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