Tan preocupados se mostra ron siempre los escritores de ciencia ficción acerca de la existencia de vida inteligente en el espacio que, curiosamente, no tuvieron en cuenta un riesgo más cercano: el peligro de extinción de esa forma de vida en la tierra. El reciente lanzamiento, en Hollywood, de la versión norteamericana del clásico «Solaris», de Andrei Tarkovsky, es un indicio de esta amenaza. La docilidad de la prensa también.
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Dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada por George Clooney, la nueva «Solaris» estableció una categoría de debate muy diferente del que provocó en el mundo en los años de su original; su protagonista se quejó ayer en Los Angeles de que lo único que ahora le preocupó a casi la totalidad de la prensa que asistió a la première fueron los escasos segundos en que se lo ve con el trasero al aire.
«Tratamos de hacer una película con un argumento que se plantea problemas acerca del cosmos, pero las preguntas se redujeron a los 30 segundos donde se ven mis nalgas» se lamentó ayer Clooney en un artículo aparecido en el más importante sitio de cine en Internet, Imdb.com.
Además de las discusiones inherentes a su propio argumento, una novela de Stanislav Lem sobre la materialización de los sueños en el espacio, entre otras cuestiones, «Solaris», en 1972, representó también un gesto de audacia política y filosófica del fallecido Tarkovsky contra el régimen soviético, que lo agobió a lo largo de toda su vida con las rígidas pautas de censura decididas por el Estado. Y, por añadidura, también significó el «anti 2001», ya que el film fue la refutación estética al clásico de Stanley Kubrick de 1968.
Todo eso es pasado. La nueva versión no produjo otro choque de opiniones sobre los problemas de los que se ocupaban el libro y la película, o acerca de qué tipo de interpretación hizo hoy de aquel clásico el director de «Traffic». Nada de eso. La mayor parte de la prensa sólo se mostró interesada en el culo de Clooney, y le dio los titulares.
Desde luego, lo más patético es que ni siquiera éste habría sido un interés genuino y original de los cronistas, sino inducido. El actor atribuyó ayer esta conducta de la prensa a una deliberada estrategia publicitaria del estudio, la 20th. Century Fox, para tratar de darle más repercusión a un film que provocó entre sus top executives cierto nerviosismo, ya que lo estimaban «difícil de vender».«Fox», agregó Clooney en el mismo artículo «dejó filtrar el tema de que mi breve desnudo provocó una calificación de 'no apta para menores' porque tuvo problemas para comercializar esta película». Los periodistas obedecieron.
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