29 de abril 2008 - 00:00

Sólo Lavié defiende el espíritu tanguero

Intentando escapar del típico show para turistas, «Bien Argentino» reúne en Madero Tango al siempre eficaz Raúl Lavié, Valeria Lynch (por debajo de otras actuaciones) y una Laura Fidalgo más flamenca que tanguera.
Intentando escapar del típico show para turistas, «Bien Argentino» reúne en Madero Tango al siempre eficaz Raúl Lavié, Valeria Lynch (por debajo de otras actuaciones) y una Laura Fidalgo más flamenca que tanguera.
«Bien argentino». Con Raúl Lavié, Valeria Lynch, Laura Fidalgo y elenco. Dir. y coreografía: Gustavo Zajac. (Madero Tango, todos los días.)

Este espectáculo que se está presentando diariamente en Madero Tango, ha roto con el clásico esquema de show «para turistas» que suelen ofrecer este tipo de espacios. Más allá de la pretensión de dividirlo en tres secciones («el amor», «la soledad», «la esperanza»), el armado no escapa al típico formato de revista, en el que se alternan números instrumentales, momentos de danza y cuadros vocales. Lo curioso de «Bien argentino» está precisamente en que, a diferencia de lo que suele ser moneda corriente en estos lugares con cena show, no están inevitablemente todos y cada uno de los clásicos tangueros; que, salvo Raúl Lavié, las otras dos figuras centrales, Valeria Lynch y Laura Fidalgo, no vienen del mundo del tango, y que los cuadros coreográficos tienen muy poco de milongueros.

Hasta aquí, el punto a favor de esta propuesta, que busca -y lo logra- sorprender al público, argentino o extranjero. Los aspectos menos atractivos, en cambio, están en el show mismo independientemente de su intención inicial. Raúl Lavié maneja el escenario a su antojo y se le notan los años con el tango; y a pesar de su conocida desprolijidad armónica y rítmica en el fraseo, que hasta lo lleva a desencontrarse con los músicos en muchos pasajes, se adueña del show en los momentos en que aparece.

Lo de Valeria Lynch es más irregular. En la mezcla de piezas tangueras con otras de su repertorio más habitual -donde no falta, claro, «No llores por mí Argentina»- queda por debajo de otras actuaciones suyas. Por su parte, la Fidalgo juega su propio juego y, junto a los bailarines Hugo Patyn y Adrián Vergés -ambos más cercanos al flamenco que al tango- exhibe toda su destreza técnica pero no logra, jamás, dar con un espíritu tanguero que parece desconocer.

Muy poco queda para agregar del cuerpo de baile (muy bien vestido por Fabián Luca) y del grupo instrumental que apenas cumplen profesionalmente con su trabajo.

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