22 de febrero 2001 - 00:00
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Stephen King
King cosechó un gran éxito en Estados Unidos con su primera novela electrónica, «Riding the Bullet», que fue descargada el año pasado más de 500.000 veces. Aunque tuvo problemas con la venta directa, sin la intermediación de ninguna editorial, que realizó, dado que se trató de una novela del tipo folletín por entregas (género en el que King reincidía) y en muchos casos hubo lectores que pagaron por las primeras entregas y no el resto, abandonando la lectura o a la espera de que la obra saliera publicada de modo tradicional.
«Nuestro matrimonio ha durado más que todos los dirigentes mundiales, a excepción de Castro. Con mi mujer compartíamos orígenes sociales humildes. Los dos comíamos carne, éramos políticamente demócratas y teníamos el típico recelo hacia todo lo que no fuera vivir en Nueva Inglaterra. Sexualmente éramos compatibles, y de naturaleza monógama. No obstante, lo que más nos une son las palabras, el lenguaje y el oficio compartido.»
«Los alcohólicos erigen defensas como diques los holandeses. Yo me pasé los doce primeros años de mi vida matrimonial diciéndome que sólo 'me gustaba beber'. Téngase en cuenta que hablo de alguien que había firmado 'El resplandor' sin darse cuenta de estar escribiendo sobre sí mismo. Siempre remataba las noches con el mismo ritual: vaciar en el fregadero las cervezas que quedaban en la nevera. Si no, al acostarme las oía hablar y no tenía más remedio que acabar levantándome y tomar otra. Y otra. Y otra.»
La adicción produce monstruos
«En 1985 se había sumado a mi problema alcohólico la adicción a las drogas, pero seguí funcionando con relativa normalidad, como muchos consumidores de estupefacientes. Empecé a gritar pidiendo ayuda de la única manera que sabía: a través de mis relatos y de mis monstruos.» (Cita entonces su novela «Misery» como una metáfora que pudo construir de su estado de ánimo.)
«En primavera y verano de 1986 escribí 'Tommyknockers' en sesiones que solían prolongarse hasta la medianoche, con el corazón a 130 pulsaciones por minuto y las orejas tapadas con algodón para cortar la hemorragia debida al consumo de coca.»
«Al final de mis aventuras bebía cada noche una caja de latas de medio litro, y tengo una novela, 'Cujo', que apenas recuerdo haber escrito. No lo digo con orgullo ni con vergüenza; sólo con la vaga sensación de haber perdido algo.»
Clases de estilo: vocabulario
«Ponga el vocabulario en la bandeja de encima, y no haga ningún esfuerzo consciente para mejorarlo. Poner al vocabulario de tiros largos buscando palabras complicadas por vergüenza de usar las normales es de lo peor que se le puede hacer al estilo. Es como poner un vestido de noche a un animal doméstico.»
Los críticos
«Suelen ser profesionales con un idea-rio político liberal pero que, cuando hablan de literatura, se transforman en auténticos huesos. Una persona de esas puede estar dispuesta a salir a la calle en protesta contra la exclusión de los afro-americanos o los indios y luego decir a sus alumnos que el talento de escritor es fijo e inmutable.»
El canon de King
King cierra el libro con «los mejores libros que he leído y que han tenido alguna influencia en los que he escrito»:
* Paul Bowles: «El cielo protector».
* Joseph Conrad: «El corazón de las tinieblas».
* Charles Dickens: «Oliver Twist».
* Roddy Doyle: «La mujer que se daba con las puertas».
* William Faulkner: «Mientras agonizo».
* William Golding: «El señor de las moscas».
* Graham Greene: «Nuestro hombre en La Habana».
* John Irving: «Una mujer difícil».
* Frank McCourt: «Las cenizas de Angela».
* Ian McEwan: «Jardín de cemento».
* Joyce Carol Oates: «Zombie».
* Michael Ondaatje: «El paciente inglés».
* J. K. Rowling: «Harry Potter y la cámara secreta», «Harry Potter y el prisionero de Azkaban», «Harry Potter y la piedra filosofal».
* Evelyn Waugh: «Retorno a Brides-head».


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