22 de febrero 2001 - 00:00

Stephen King se confiesa

Stephen King
Stephen King
En los primeros días de marzo se publicará en España, para luego llegar a la Argentina, «Mientras escribo», editada por Plaza & Janés, impactante libro de memorias en el que «el rey del terror» Stephen King (Maine, 1947), uno de los autores más vendidos y adaptados a la gran pantalla del mundo, revela su método de trabajo así como algunos aspectos de su vida con una sinceridad que en ocasiones resulta estremecedora, sobre todo en lo referente a su ya superada adicción al alcohol y la cocaína.

Al mismo tiempo acaba de anunciar desde Alemania la librería electrónica «Weltbild.de» que King ha puesto a disposición de los internautas, fragmentos de su próxima novela «Duddits Dreamcatcher» y sus lectores podrán descargar de forma gratuita algunos fragmentos de la obra antes de su publicación en la dirección «www.weltbild.de».

King
cosechó un gran éxito en Estados Unidos con su primera novela electrónica, «Riding the Bullet», que fue descargada el año pasado más de 500.000 veces. Aunque tuvo problemas con la venta directa, sin la intermediación de ninguna editorial, que realizó, dado que se trató de una novela del tipo folletín por entregas (género en el que King reincidía) y en muchos casos hubo lectores que pagaron por las primeras entregas y no el resto, abandonando la lectura o a la espera de que la obra saliera publicada de modo tradicional.

En el caso de su confesional y didáctico «Mientras escribo», la primera parte del libro es enteramente autobiográfica y en ella el autor de «Carrie», «It» o «Maleficio» relata los principales episodios de la vida del escritor, desde su dura infancia como hijo de madre abandonada carente de recursos económicos, hasta la actualidad, pasando por sus incursiones en el campo musical, como componente de un conjunto de rock, o sus trabajos en fábricas y hoteles (además, en un apéndice explica su reciente y grave accidente de tráfico con pelos y señales).

La segunda parte, redactada a modo de taller literario, con continuos ejemplos e interpelaciones al lector alumno (incluso reproducciones de textos corregidos a mano), es una revelación insólitamente detallada de su método creativo -basado en una férrea disciplina-y una declaración de principios literaria de alguien que admite sentirse a años luz de autores de la talla de Shakespeare, Faulkner, Yeats o Shaw, «esos accidentes divinos con un don que no podemos entender, y ya no digamos alcanzar». King defiende, ante todo, la sencillez estilística y un argumento fuerte («una historia»), desdeñando el retrato psicológico de personajes.

También ofrece numerosas claves de sus novelas (escenarios reales, nombres de personajes, etcétera). Lo que sigue a continuación son algunos fragmentos extraí-dos del libro.


Un matrimonio feliz

«Nuestro matrimonio ha durado más que todos los dirigentes mundiales, a excepción de Castro. Con mi mujer compartíamos orígenes sociales humildes. Los dos comíamos carne, éramos políticamente demócratas y teníamos el típico recelo hacia todo lo que no fuera vivir en Nueva Inglaterra. Sexualmente éramos compatibles, y de naturaleza monógama. No obstante, lo que más nos une son las palabras, el lenguaje y el oficio compartido.»

«Los alcohólicos erigen defensas como diques los holandeses. Yo me pasé los doce primeros años de mi vida matrimonial diciéndome que sólo 'me gustaba beber'. Téngase en cuenta que hablo de alguien que había firmado 'El resplandor' sin darse cuenta de estar escribiendo sobre sí mismo. Siempre remataba las noches con el mismo ritual: vaciar en el fregadero las cervezas que quedaban en la nevera. Si no, al acostarme las oía hablar y no tenía más remedio que acabar levantándome y tomar otra. Y otra. Y otra.»


La adicción produce monstruos

«En 1985 se había sumado a mi problema alcohólico la adicción a las drogas, pero seguí funcionando con relativa normalidad, como muchos consumidores de estupefacientes. Empecé a gritar pidiendo ayuda de la única manera que sabía: a través de mis relatos y de mis monstruos.» (Cita entonces su novela «Misery» como una metáfora que pudo construir de su estado de ánimo.)

«En primavera y verano de 1986 escribí 'Tommyknockers' en sesiones que solían prolongarse hasta la medianoche, con el corazón a 130 pulsaciones por minuto y las orejas tapadas con algodón para cortar la hemorragia debida al consumo de coca.»

«Al final de mis aventuras bebía cada noche una caja de latas de medio litro, y tengo una novela, 'Cujo', que apenas recuerdo haber escrito. No lo digo con orgullo ni con vergüenza; sólo con la vaga sensación de haber perdido algo.»


Clases de estilo: vocabulario

«Ponga el vocabulario en la bandeja de encima, y no haga ningún esfuerzo consciente para mejorarlo. Poner al vocabulario de tiros largos buscando palabras complicadas por vergüenza de usar las normales es de lo peor que se le puede hacer al estilo. Es como poner un vestido de noche a un animal doméstico.»


Los críticos

«Suelen ser profesionales con un idea-rio político liberal pero que, cuando hablan de literatura, se transforman en auténticos huesos. Una persona de esas puede estar dispuesta a salir a la calle en protesta contra la exclusión de los afro-americanos o los indios y luego decir a sus alumnos que el talento de escritor es fijo e inmutable.»


El canon de King

King cierra el libro con «los mejores libros que he leído y que han tenido alguna influencia en los que he escrito»:

*
Paul Bowles: «El cielo protector».
* Joseph Conrad: «El corazón de las tinieblas».
* Charles Dickens: «Oliver Twist».
* Roddy Doyle: «La mujer que se daba con las puertas».
* William Faulkner: «Mientras agonizo».
* William Golding: «El señor de las moscas».
* Graham Greene: «Nuestro hombre en La Habana».
* John Irving: «Una mujer difícil».
* Frank McCourt: «Las cenizas de Angela».
* Ian McEwan: «Jardín de cemento».
* Joyce Carol Oates: «Zombie».
* Michael Ondaatje: «El paciente inglés».
* J. K. Rowling: «Harry Potter y la cámara secreta», «Harry Potter y el prisionero de Azkaban», «Harry Potter y la piedra filosofal».
* Evelyn Waugh: «Retorno a Brides-head».

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