Corría 1976 cuando Pablo Nemirovsky abandonó el país. Tenía apenas 18 años y Argentina ya no era un lugar seguro. En Francia, su nuevo hogar, y sin hablar una palabra del idioma, Nemirosvky armó una Buenos Aires a su medida. El tango fue el pedacito del Río de la Plata que lo acompañó durante el exilio.
Pablo Nemirovsky: del exilio en Francia al tango como forma de volver
Músico y escritor, vive en París desde 1976. Por estos días presenta "La variante del Tango", el sexto disco de su orquesta Tierra del Fuego. "Estando lejos, uno busca acercarse a lo que fue suyo", cuenta a Ámbito.
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Hoy, 47 años después y con una vasta trayectoria, el bandoneonista, compositor y escritor atiende el teléfono en París para hablar de "La variante del tango", el sexto disco de su orquesta Tierra del Fuego, en el que, lejos de la ortodoxia, juega con ritmos, melodías y fusiones. El cóctel se completa con el aporte "pictórico" del escultor, pintor y poeta Ricardo Mosner y la colaboración de Ariel Prat.
Periodista: ¿Cómo fue la génesis de "La variante del Tango"?
Pablo Nemirovsky: Viene de una especie de desvarío de pensamiento, de cuando estaba la cuestión monotemática de la pandemia. Ahí vino el período de la Variante Delta y lo primero que se me ocurrió fue hacer un juego de palabras con la "Variante del Tango". Me quedó eso picando y dije "bueno, hay que hacer algo con esto". Hablé con mi amigo Ariel Prat y le dije que teníamos que hacer algo. Me parecía, dentro de todo el quilombo que era la situación, algo divertido. Quedamos en hacer un tema y él me dijo "largá con la música, yo le hago la letra". Terminamos los dos trabajando con música y letra y lo concebimos juntos. El primer esbozo salió en un rato. Después lo fuimos trabajando y puliendo. Era algo que tenía que salir.
P.: ¿Cómo entra la orquesta Tierra del Fuego en esa idea?
P.N.: Yo tenía pendiente un trabajo que estaba haciendo con Tierra del Fuego, en el cual estaba trabajando en conciertos con la participación de Ricardo Mosner, con quien hacemos espectáculos de música y pintura en vivo. Sentí las ganas y la necesidad de dejar asentado de alguna manera ese trabajo, entonces concebimos el disco como una especie de obra en la cual la pintura también tiene su lugar. Ricardo participó en cada uno de los temas del disco. La idea fue esa, colaborar con estas dos cuestiones diferentes. Se dio una ósmosis muy grata. En otros temas, también surgió la posibilidad de invitar a amigos y gente querida.
P.: El tango es un género originado en el Río de la Plata. ¿Te beneficia componerlo e interpretarlo desde tan lejos?
P.N.: El hecho de estar lejos me permite romper con los esquemas. No por una cuestión de capricho, sino porque no tengo los mismos límites que debería tener si viviera ahí. Aunque aquí también existen los límites, porque hay una especie de ansia de la gente de que el tango tiene que ser bailable. La historia de siempre, que sucede desde el nacimiento de la música: está siempre la policía del tango o la policía del jazz, que te dice "esto no es tango" o "esto no es jazz". Estando lejos, creo que me pesa menos y también tengo la posibilidad de estar en contacto con músicos que vienen de horizontes diversos. Me nutro de lo que ellos me proponen.
P.: ¿Cómo es ese intercambio?
P.N.: Yo propongo pero también recibo. Tengo la suerte de encontrar todo tipo de influencias. El percusionista, por ejemplo, es marroquí y un gran estudioso de la música de la India; o la pianista, sefaradí, introduce su cultura. El violinista viene de la música improvisada, una especie de jazz que también rompió sus esquemas. Intento introducir todo eso dentro de mi música. Tiene una gran parte de improvisación y de apertura. Lo que me nutre es el tango. Si después hay quien dice "eso no es tango", eso es otro problema. Como estoy inmerso en esa cultura, y trabajo de eso, porque trabajo con otras cuestiones de tango, es mi cultura.
P.: ¿En qué momento abrazaste el tango?
P.N.: A mí siempre me gustó el jazz e intenté tocarlo, pero no lo siento como mío. En algún momento dije "tengo que buscar algo que tenga que ver con lo mío, con mi infancia", aunque yo no me crié estudiando tango. En algún momento llegó, no sé cómo pero llegó. Me pareció inevitable, que era eso lo que yo tenía que hacer. Aparte está la cuestión de la distancia: estando lejos, uno busca acercarse a lo que fue de uno. Esa manera la encontré con el tango. Empecé escuchando Piazzolla, que es lo que más se acercaba al jazz, y a través de él fui yendo hacia atrás y hacia adelante. Es lo que me sale a mí y lo que me parece más natural.
P.: ¿Qué opinión te merecen las nuevas formas de consumir música?
P.V.: Me parece que se pierde un poco lo que había antes. Antes uno escuchaba un disco como si fuera un tesoro. Te costaba comprar un disco, lo ponías y lo escuchabas mil veces. Ahora la gente consume música como si fuera Coca Cola. Incluso, el formato en el cual se escucha físicamente, suponiendo que sea físico el MP3, perdió mucho en calidad. Yo pienso que algún día va a volver la cuestión del verdadero disco que uno tiene en la mano, que mira la tapa, que ve qué músicos están tocando, que saca conclusiones. Hay una cuestión de consumo desenfrenado y en detrimento de una elección posible. No se elige, la gente va navegando por Internet y cazando lo que se cruza. Yo escucho algunas cosas de manera virtual y me encuentro con que ellos, no sé quiénes son, saben lo que te puede llegar a gustar y te ponen una música que coincide con tu gusto. Me gusta decidir, no que me impongan lo que tengo que escuchar. Se perdió el silencio.
P.: La música ganó los espacios públicos.
P.N.: Ya sé que estoy hablando como un viejo (risas), pero ahora no existe el silencio. El otro día, en un supermercado, decían "venga a comprar los martes porque hay silencio". Lo ponían como que ellos se preocupaban por la salud del cliente. Si saben que el no silencio molesta, no sé por qué no lo hacen todos los días. Eso pasa en todos lados. Vas a un aeropuerto, a una estación, y te imponen una música. Sin mencionar el volumen y de la imposibilidad de hablar. Me parece que la música hay que elegirla, no me parece bien que la impongan.
P.: Le das mucha importancia al rol de Ariel Prat en este disco, ¿qué te aportó él a vos y viceversa?
P.N.: Venimos de músicas muy distintas, a pesar de que toco mucho con él. Yo hago una música muy distinta. Él se basa en la murga y es uno de los grandes valores, sino el más alto de la murga en este momento. Yo vengo de una especie de tango pero reconstruido, digamos. La murga está en 2 o en 4 y mi tango, o mi manera de ver el tango, ni siquiera está en 4, está en 5, está en 7. Yo los ritmos los rompo mucho. En ese tema yo me adapté a la idea rítmica más milonguera, murguera. La composición se dio de manera natural, a tal punto que yo me vi construyendo la letra y él la música, a pesar de que en un principio habíamos dicho que iba a ser al revés. Terminamos en una ósmosis.
P.: El tango ya es un clásico. ¿Sentís que la murga sigue siendo un género más plebeyo?
P.N.: Concretamente, sí. El tango no deja de tener su raíz popular. Me parece que la una alimenta a la otra, en ambos sentidos. No existe una música que jerárquicamente sea más que otra. En cualquier género puede haber cosas sofisticadas, de calidad o sinceras, que es lo que me interesa: que la música sea sincera. Se nota enseguida cuando una música está hecha para vender. Que el único objetivo del compositor o el productor es la venta. A veces quizás es hasta inconsciente. Es una cosa que me a mí me repele. Yo busco la sinceridad. Cuando escucho algo, quiero sentir que esa persona me está dando algo sincero.
P.: ¿Cómo sigue el camino del disco?
P.N.: Tenemos algunas actuaciones parisinas. El 10 de febrero vamos a tocar en un barco. Aquí se da esa particularidad. Hay barcos en el Sena, y algunos lugares de conciertos son barcos. Vamos a tocar en otro club de jazz. Después tenemos una gira en el sur de Francia y estamos planificando para junio un gira en España con Ariel.
Ficha técnica
Tierra del Fuego/La Variante del Tango
Pablo Nemirovsky: bandoneón, flautas, composición
Didier Petit: violoncello, voz
Ricardo Mosner: pintura
Suzanne Ben Zakoun: piano
Santiago Quagliariello: contrabajo
Khalid Kouhen: percusión
Invitados:
Ariel Prat: voz (10)
Noé Clerc: acordeón (10)
Nico Pérez: guitarra (10)
Sonia Nemirovsky: voz (6)
Olive Perrusson: voz (6)
Tomás Gubitsch: guitarra eléctrica (6)
Cristina Vilallonga: voz (8)




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