28 de mayo 2019 - 00:00

El "piso de soltero" de Wilder revive en teatro

Fue una de las más brillantes y divertidas comedias cinematográficas de los 60, con Jack Lemmon y Shirley McLaine. Sin embargo la versión actual, acentúa aspectos más "humanos", aunque aquélla transcurría "en esos años en que el machismo estaba en su apogeo y era considerado normal". Está interpretada por Nicolás Cabré y Laurita Fernández.

Veronese. El guión se mantiene, si no habría que escribir una nueva. Hay una moral y conductas que responden a paradigmas de esa época.
Veronese. "El guión se mantiene, si no habría que escribir una nueva. Hay una moral y conductas que responden a paradigmas de esa época".

“Algo nuevo tiene que pasar en el teatro comercial. Hay apuestas a lo seguro por la caída de público y se ha vuelto un negocio muy peligroso”, dice Daniel Veronese, director de “Departamento de soltero”, que debutó el fin de semana en el Lola Membrives.

Se trata de la primera versión teatral de la película “Piso de soltero” (“The Apartment”) que, con libro y dirección de Billy Wilder y las actuaciones de Jack Lemmon y Shirley McLaine, ganó cinco de los diez Oscar a los que estuvo nominada en 1961.

Está protagonizada por Nicolás Cabré y Laurita Fernández, la misma dupla que con éxito hizo el año pasado “Sugar”, de los mismos productores Adrián Suar, Nacho Laviaguerre, Diego Romay y Gustavo Yankelevich. Dialogamos con Veronese.

Periodista: ¿Cuáles son los temas de la obra?

Daniel Veronese: Habla sobre el amor y la humanidad de ser una persona que puede elegir cosas teniendo en cuenta los costos y beneficios. El tener un empleo y estar en un lugar acomodado, hasta que uno se enfrenta con el amor y empieza a poner en la balanza cuáles son las cuestiones importantes. En qué lugar quedan las emociones cuando el trajín del trabajo agobia. Ilumina aspectos que parecen de otra moral, de otra época, sin embargo me interesa cómo los actores llevan el tema hacia un lugar de humanidad cuando estamos inmersos en la maquinaria laboral o pendientes de pertenecer a lugares laborales. A veces cuesta parar y pensar en la persona desligada de lo que posee. Es un cuento simple pero efectivo, es un cuento de hadas moderno.

P.: Habla de una moral de los años ´60, ¿cómo repercute un guión de esos tiempos en los tiempos actuales?

D.V.: El guión se mantiene, si no habría que escribir una nueva obra. Hay una moral y conductas que responden a paradigmas de esa época, dado que todo transcurre en esos años cuando el machismo estaba en su apogeo y era considerado normal. La obra muestra a una mujer liberal para esos tiempos, que elige a un hombre casado en función del amor, y él es machista pero más tarde queda desvalorizado por otro hombre que termina guiándose por su capacidad de ver más allá de lo material. También hay un interrogante sobre lo que hacemos o no cuando estamos frente a pérdida, algo que se va, nos cuesta y no podemos manejarlo porque está lejos de la necesidad humana más primaria , esas cuestiones siguen siendo las mismas en cualquier época.

P.: ¿Qué pasa en el teatro comercial donde los autores locales brillan por su ausencia?

D.V.: Creo que no hay obras locales pero tampoco extranjeras, porque no hay mucho material, los temas, formatos y circunstancias se repiten. En la iniciativa de AADET, “Contar” se presentan muchos autores locales esperando tener cartel en el circuito comercial, hay una búsqueda, pero siento que hay falencias y que algo nuevo tiene que pasar en el teatro comercial. Hay apuestas a lo seguro por la caída de público, se ha vuelto un negocio muy peligroso. En el pasado había obras de Tennessee Williams o Arthur Miller que hoy no funcionarían. Todo va hacia lugares de humor, a veces no muy inteligente, la gente quiere reírse, pasarla bien, con lo que el “Rey Lear” que hizo Alcón hoy sería una rara avis. Con Oscar Martínez hicimos “Descenso al Monte Morgan” y él me decía que la gente buscaba otro tipo de materiales, yo lo alentaba a seguir, pero el tiempo le dio la razón.

P.: ¿Está escribiendo?

D.V.: Ante esta falta me puse a escribir yo, antes tomaba materiales de otros para dirigir. Estoy escribiendo por un lado con el autor de “Bajo terapia” , Matías del Federico, y por el otro con Fernán Mirás.

P.: ¿Y su veta más experimental?

D.V.: Estoy con cinco materiales: tres obras llamadas Experiencia 1, 2 y 3. Estos son “La persona deprimida” y Encuentros breves de hombres repulsivos”, dos versiones teatrales de cuentos de David Foster Wallace en el CC San Martín, y la tercera es “Los arrepentidos”. Estoy con una obra mía, “Ella lo ama”, que irá al Timbre 4 y también estoy adaptando “Speed the plow” de David Mamet que haré en México. Y voy a empezar a trabajar una versión de “Los pequeños burgueses” de Máximo Gorki llamada Estrellas de Corazones Tristes. Como tenía la actividad independiente algo relegada, me puse con todo esto.

P.: Volviendo a “Departamento de soltero”, ¿cómo es la puesta con mapping diseñada por Alberto Negrín?

D.V.: La idea surgió de él y es tecnología puesta al servicio de lo dramático. No es algo moderno y llamativo, junto con la música e iluminación está integrado a la escena.

P.: ¿Volvió a ver el film para este proyecto o, como dijo Nicolás Cabré, prefiere no verlo?

D.V.: La vi hace muchos años y no la quise volver a ver, primero porque responde a paradigmas de aquella época, además, eso es cine y esto teatro, tenemos que crear una teatralidad que el film no pide. Siento que no me sirve ver lo que se hizo porque no es el formato que vamos a trabajar, me interfiere más de lo que me ayuda.

P.: ¿Cómo fue la experiencia con estos actores que son pareja en la vida real?

D.V.: Tienen algo en común, son muy obsesivos con el trabajo, los imaginaba pasando letra en su casa, y de hecho venían con resoluciones de cosas que teníamos que descifrar en los ensayos. Eso es muy a favor del trabajo.

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