Luego de su estreno en Barcelona y Croacia, la compañía teatral T25 estrena en Argentina “Sería una pena que se marchitaran las plantas”, escrita y dirigida por el croata Ivor Martinic, autor de “Mi hijo sólo camina un poco más lento”, que va por su octava temporada en El Picadero. Con actuaciones de la catalana Julia Ferré y el argentino Victorio D’Alessandro, las funciones comenzaron el martes y se extienden hasta el 13 de marzo en Moscú Teatro. También habrá una función en Vicente López y dos en La Plata. Dialogamos con Martinic.
Ivor Martinic: anatomía de una pareja en derrumbe
Diálogo con el autor croata de “Mi hijo sólo camina un poco más lento” (octava temporada en Buenos Aires) sobre su nuevo estreno teatral.
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Sería una pena que se marchitaran las plantas. Ivor Martinic, Julia Ferré y Victorio D’Alessandro.
Periodista: Luego de quince años como dramaturgo y no involucrarse en la representación teatral pasó a la dirección y hasta actúa, ¿por qué?
Ivor Matinic: Hace cinco años me mudé a España desde Croacia, vivo en Barcelona y quería cambiar la manera de trabajar. Tenía una linda carrera de autor dramático y eso generaba encuentro con muchos directores pero busqué reorganizar mi manera de trabajar y eso llevó a una transformación radical en el trabajo. Siendo escritor no tenía conexión con la representación escénica. Los directores y actores tuvieron siempre gran libertad para hacer con mi obra lo que quisieran pero necesité algo muy extremo, tanto que me subí al escenario.
P.: ¿No le gustó lo que hicieron los directores con su obra?
I.M.: Al contrario. No pasa seguido que se pueda crear una obra que tiene tanto éxito como “Mi hijo…” y Guillermo Cacace, que dirigió esta obra, quiere dirigirme todas. Es un director que le encuentra un sentido diferente y siempre me sorprende con algo. No pasa una semana en que alguien o me escriba sobre cómo le toca mi obra.
P.: ¿De qué trata?
I.M.: Habla sobre la ruptura de una pareja cuando uno de los dos no puede recordar un momento puntual y eso funciona como disparador para que todo se desmorone. Habla sobre qué es el amor y de nuestro intento humano por contar historias. Cuando estamos en pareja tenemos una historia en común pero en realidad hay dos versiones de esa relación y ahí entra el cómo contamos la historia y cómo la necesitamos para ir hacia el futuro. Sin sincerarse y entender qué ocurre no podemos fomentar un cambio.
P.: ¿La escribió sabiendo que la dirigiría y actuaría?
I.M.: Tuvo muchas versiones, tenía claro que quería probar esta manera de trabajo y no podía cerrarla. No hay una última versión porque siempre está cambiando en cada función que tendremos. En esta que presentaremos en Buenos Aires habrá actores más mayores, o dos hombres o dos mujeres. Esa una plataforma abierta a que se transforme, a que se sume algún monólogo y a lo que los actores quieran compartir de su autobiografía. La obra pasó por un gran teatro en Croacia, el festival de Catalunia y ahora se presenta aquí. Y podría hacer otras.
P.: De modo que es una usina de experimentación. Los actores introducen rasgos de sus vidas y los diferentes espacios también condicionan la obra.
I.M.: El espacio la cambia mucho, pero eso significa que la obra vive y se puede adaptar. Se usa el espacio como escenografía, cuando la presentamos en este teatro más pequeño tenemos otra obra, y jugamos con otros elementos cuando se hizo en un gran teatro. Me gustan más los espacios pequeños porque la gente está más cerca de los actores y se pueden compartir emociones de mejor manera.
P.: Esa vez dejó a la familia disfuncional para dedicarse la pareja.
I.M.: La familia es un tema sobre el que escribo mucho, mi última obra es sobre la muerte de un patriarca, centrada en el hijo que se va de la familia porque no quiere ser parte. Y cómo eso influye en la madre. La familia hoy tiene otras necesidades y allí afloran los prejuicios. Esto último también puede verse en esta, porque a veces un texto lo puede decir un actor y otras una actriz, y cambia mucho el sentido.
P.: ¿Cómo es la escena teatral en Croacia y qué diferencias puede marcar con la Argentina?
I.M.: Hay gente a la que le gusta el teatro pero no hay escena alternativa, es un país pequeño sin mucho público para consumir ese teatro. Se generan entonces intercambios con Bosnia, Serbia, por el parecido con el idioma pero no hay tanta variedad. En la Argentina noto esa necesidad de hacer teatro y la libertad, en Croacia son más cerrados; por ejemplo, para todo lo que hacemos queremos el diploma, y así uno es director toda su vida, o actor, o autor, no hay libertad para experimentar como aquí. Hay sólo una academia de arte en Croacia, se estudian cinco años de una disciplina y se trabaja de eso toda la vida. En la Argentina todos hacen todo y tal vez por eso la escena independiente sea tan importante y famosa. Además de que a mucha gente le gusta el teatro alternativo y que cada espacio pequeño tiene su público.
P.: ¿Cómo vive la guerra entre Rusia y Ucrania?
I.M.: No nos imaginábamos que iba a llegar a un conflicto de esa índole. Estamos en shock y tristes, nos recuerda a lo que vivimos nosotros hace 30 años, estamos viendo en TV las imágenes que creíamos no ver nunca más.
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