¨Lo fascinante de la literatura de Sartre es que todos sus personajes tienen razón y son a la vez culpables. Quizá por eso me atrae el mundo de los medios, que busca una síntesis, un punto de vista de lo inabordable, clasificar lo inclasificable¨, dice Eva Halac, quien tras haber indagado en el universo de Jacobo Timerman para su obra anterior, esta vez elige a la TV como telón de fondo. Desde el sábado se puede ver ¨Esto no está pasando. Imaginaciones a partir de lecturas de Jean-Paul Sartre¨, en el marco de Modos Híbridos del Teatro San Martín, que propone un abordaje audiovisual de las obras programadas por el CTBA para 2020, en este caso ¨Las manos sucias¨ de Sartre con guión y dirección de Halac. El elenco está integrado por Osmar Núñez, Franco Masini, Victoria Almeida, Florencia Torrente, Guillermo Aragonés, Nelson Rueda y Juan Pablo Galimberti. Dialogamos con Halac
Sartre desde el living de un noticiero televisivo
La obra, en el ciclo "Modos Híbridos" del Teatro San Martín, traslada una puesta que no fue ("Las manos sucias") a un fondo más actual y real.
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Periodista: ¿Qué cuestiones del pensamiento de Sartre le interesan?
Eva Halac: Sartre señala que toda su filosofía parte de la frase de Dostoievsky, “Si Dios no existe, todo está permitido”, y que a partir de ahí aparece la necesidad de la responsabilidad, la creación de una ética personal. Lo admirable de Sartre es el desafío de tratar de vivir de acuerdo con sus ideas. Que sus palabras no sean distintas de sus acciones. El compromiso personal, eso siempre me conmovió. Hay algo maravilloso que dice, también, que las elecciones que hacemos para nosotros son también para los demás. Que elegir es legislar. Y si somos libres, estamos condenados a crear, a inventarnos e inventar.
P.: ¿Por dónde iba la obra que iba a estrenar en 2020 y cómo apareció este abordaje desde la protesta ambientalista?
E.H.: “Las manos sucias” es de 1948 y ocurre en un país imaginario, en guerra, un debate entre las ideas y la praxis, con una estructura magnífica de policial negro. La protesta ambientalista me ofrecía una imagen actual, con esas diferencias quijotescas entre los ideales y la realidad.
P.: ¿Qué le aportó desde lo narrativo la estructura del formato televisivo?
E.H.: Me resultaba atractivo probar una ficción en escenarios de no ficción, en los livings de noticias, de debates de actualidad, probar que podía también desarrollar una historia con personajes, sobre todo en un medio donde la ficción se paralizó. Por otra parte me resultó fabuloso utilizar todo ese formato de placas , los zócalos con frases seleccionadas, sumar esas capas de relato. Fue gracioso todo ese proceso. Y la idea de la fragmentación, los cortes, las interrupciones, todo ese mosaico que hace mucho vengo trabajando en el teatro. Para la realización fueron vitales el trabajo de puesta de cámara y montaje de Luciano Halac y la dirección de arte de Micaela Sleigh.
P.: Había abordado el universo del diario gráfico en la obra de Jacobo Timerman. ¿Qué le atrae de los medios de comunicación tradicionales acaso desplazados o en puja con las redes sociales?
E.H.: Me atrae el comportamiento humano, el personaje del periodista, con la ilusión de revelar una verdad sobre las acciones humanas, esa investigación casi policial, que, como Edipo, termina en uno mismo. Quizá con las redes jugamos todos a ese personaje. Hoy todos opinamos y todos nos estamos filmando.
P.: ¿Qué le parecen esos shows televisivos de debate que no llegan a ninguna conclusión?
E.H.: No los juzgo. No tengo cable y alcanzo tres canales. Y siempre encuentro programas de actualidad, donde parece que se habla de lo mismo, siempre empezado y sin final. Siempre son grandes temas, la justicia, la verdad, etc, pero todo se cristaliza. Es como un fenómeno extraño, casi metafísico. Todo lo que se nombra se disuelve. Pareciera que nos ocupamos de todo, que estamos en todo, pero no pasa nada, no se resuelve nada.
P.: Así que no tiene cable, ¿y Netflix?
E.H.: Sí pero miro poco. Vi la serie ´Algo en qué creer´, sobre la fe, imágenes bellísimas. Y vi capítulos sueltos de The Crown, que en una estética Disney contrabandea un gran ensayo sobre la estupidez. Un gran tema.
P.: Ideó una guerra contra un enemigo invisible, algo que resuena mucho a pandemia.
E.H.: Sartre escribió los ´Cuadernos de guerra´ en sus épocas de reservista. Anotó los sentimientos de los soldados que, como él, no estaban en combate, no estaban en el frente, en la primera línea. Como soldados de las tropas de reserva escuchaban distintas versiones de lo que ocurría, llegaban noticias de muertos y salvados, era una larga espera con mucha incertidumbre, sin poder pensar más que en el día a día. Robé algo de eso para el proyecto, me sonaba demasiado actual. Por otra parte toda esa tensión con el enemigo invisible, las delaciones, la épica discursiva, daban para hacer, emulando a Brecht, un Terror y Miserias del Coronavirus, pero opté más por una atmósfera, un ruido de fondo. En relación a la libertad, Sartre pone énfasis en la responsabilidad personal, donde nuestras decisiones deben valer para los demás en la misma medida. No es lo mismo el “Quedate en casa”, si tengo casa propia, jardín , terraza , pileta, que si alquilo un espacio pequeño, sin sol, y con una familia, o si tengo o no un sueldo. Es imprescindible imaginar todas las alternativas. La libertad depende de la capacidad de imaginar. De imaginarnos. Al que me dice “Quedate en casa” le respondo: Dejame la llave.
P.: ¿Qué opina del teatro con 50% del aforo permitido?
E.H.: Es un gran perjuicio para los teatros chicos. Hay más gente en las cafeterías y restaurantes. Y sin barbijo. Los teatros son lugares muy seguros, gran parte del público es gente mayor, muy cuidadosa. Me parece que hay sobreactuación en esa exigencia.
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