La nueva película de la saga tiene acción, suspenso y momentos terroríficos de sobra como para que nadie note la ausencia del «Terminator» original, bien reemplazado por una galería de robots.
«Terminator Salvation» (EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: MCG. Int.: C. Bale, A. Yelchin, S. Worthington, B. Dallas Howard, Common, Jadagrace, H. Bonham Carter.
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Algunas de las mejores escenas del primer «Terminator» de James Cameron tenían que ver con la descripción de un desolador mundo futuro en el que, luego de un holocausto nuclear, lo que quedaba de la raza humana trataba de no ser diezmada del todo por las máquinas y computadoras que dominaban el planeta. Como la película transcurría en el presente, esas escasas escenas debían ser lo bastante contundentes como para para justificar el comportamiento implacable y desesperado de la lucha entre hombres y robots.
Habiendo llevado la trama hasta el mismo momento del Día del Jucio Final en «Terminator 3», la saga necesariamente debía continuar en ese futuro postapocalíptico apenas vislumbrado en el primer film.
Una película que transcurre íntegramente en ese mundo pesadillesco plagado de androides asesinos implica un corte en el estilo del «Terminator» original, llevando todo el asunto a un plano más directo de guerra futurista entre hombres y máquinas. Lo bueno de «Terminator Salvation» es no dejar las cosas en un simple combate interminable sin matices. Por otro lado, tampoco intenta recurrir de manera forzada a los recursos de viajes en el tiempo, ni deja que los guiños inevitables a los films anteriores se conviertan en una distracción gratuita. De todos modos, obviamente, los giros argumentales sobre paradojas temporales son parte inevitable del asunto, con un guión que lleva al espectador a presenciar al encuentro entre John Connor (Christian Bale) y su padre, aún adolescente, Kyle Reese (Anton Yelchin), número uno en la lista de hombres que deben ser liquidados por los terminators, ahora también acompañados por una gama de máquinas exterminadoras de todo tipo y calibre.
Justamente, un hallazgo del guion es aportar un nuevo protagonista (el androide interpretado por Sam Worthington), para no centrar todo el asunto en estos detalles tan conocidos de la vida de John Connor.
La película tiene acción, suspenso y momentos terroríficos de sobra como para que nadie vaya a notar demasiado la ausencia de Schwarzenegger. Su terminator original está bien reemplazado por una galería alucinante de demonios cibernéticos decididos a hacerle la vida muy difícil a los sufridos intérpretes de carne y hueso (con gente tan talentosa como Michael Ironside en el reparto), incapaces de competir con estas excepcionales creaciones surgidas de los estudios de efectos especiales del desaparecido Stan Winston, a quien esta dedicada la película.
Justamente el gran acierto del director MCG es respetar la estética analógica de los viejos efectos de Winston, que potenciados por un megapresupuesto, no tiene nada que envidiarle a las usuales criaturas digitales del Hollywood moderno.
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