La historia es mínima: un desconocido contrata a un equipo de salvataje marino para reclamar como propio un transatlántico italiano desaparecido en 1962, pero que ahora navega tranquilamente cerca del estrecho de Bering. Obviamente el desconocido oculta un oscuro secreto, los especialistas liderados por El abuso de efectos digitales nada imaginativos, la desvergonzada escasez de exteriores digna de un film clase B, cuando éste costó muchos millones, y los diálogos trogloditas no son el mayor problema de este engendro. Lo peor es la definición de Cielo e Infierno -o el Bien contra el Malcon metáforas dudosas, la omisión de toda explicación acerca del obvio origen nazi de los pecados que condenaron la nave (da la sensación de que el asunto que motiva toda la historia fue cortado como para no complicarle las cosas al público), y sobre todo, una escena abominable en la que una masacre contada por una niña traumatizada se convierte en una especie de videoclip genocida con música tecno totalmente ajena al ambiente y la época de lo que se narra, y efectos de montaje al estilo de lo peor de MTV.
Lo único rescatable son algunos momentos contenidos de una fotografía siempre lista para cualquier exceso esteticista, la divertida secuencia de títulos y una escena sexy a cargo de la dama fantasma interpretada por
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