Con un puñado de libras esterlinas, media docena de intérpretes jóvenes y un pozo apropiadamente sucio, el realizador Nick Hamm consiguió una película atractiva, mezcla de pyscho-thriller, historia de terror, pesadilla claustrofóbica y melodrama clásico al estilo hollywood de los '40. Sintetizando, una mutación deforme entre «Blair Witch Proyect» y «Que el Cielo la Juzgue».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Teniendo en cuenta lo improbable del concepto, el resultado es sorprendente. Desde el enervante prólogo hasta la chirriante escena final de títulos, Hamm no deja que caiga la tensión, y para que la historia no muestre demasiado rápido su dirección definitiva, da algunas vueltas amagando con varios subgéneros, treta conocida que sin embargo está desarrollada con el suficiente sentido común como para no provocar ira en lugar de tensión.
Lo menos ortodoxo es la falta de preocupación por disimular de alguna forma los constantes saltos en los raccontos que forman la mayor parte de lo que se narra. Pero ésta es ese tipo de auténtica producción independiente que suele llegarnos sólo en video -por supuesto sin pasar por ningún presunto festival de seudo cine independiente-y que al apreciarse en pantalla grande impacta como una auténtica rareza que vale la pena ver en cine. Sobre todo porque el excelente soundtrack de música tecno y la oscuridad casi total de algunos planos merecen la luz de una sala bien equipada y el sonido dolby que debería reinar en todos los cines.
«En lo profundo» tiene escrito por todos lados el sello de su productor, Jeremy Bolt, el mismo de «Shopping», «Event Horizon» y «Mortal Kombat». O sea, hay música electrónica totalmente dark y ominosa, sangre y situaciones horripilantes pero también una gran dosis de profundidad no sólo en el bunker donde se encierran cuatro adolescentes para eludir una excursión, sin también en la construcción de los personajes y sus conflictos.
Sin una actuación tan sólida como la de Thora Birch -en un papel peligrosísimo-«En lo profundo» no se sostendría ni medio acto. Pero por suerte Hamm no sólo tuvo a la chica de «Belleza americana», sino a un director de fotografía (Denis Crossan) capaz de jugar con la oscuridad de un modo tan atrevido como sus colegas de la era de las sombras de Jacques Tourneur y Robert Siodmak, cuando a nadie le importaba la oscuridad de la pantalla porque aún no se había inventado la TV, el video y otros formatos poco amigos de los claroscuros.
Dejá tu comentario