Testa, lo mejor de muestra colectiva

Espectáculos

Una relectura casual de la novela «La Casa» de Manuel Mujica Láinez fue disparadora de la exposición Domus/Casa, Fundación Klemm (Marcelo T.de Alvear 626) en la que participan catorce artistas convocados por su curador, Jorge López Anaya, que tenían en el desarrollo de su obra alguna relación con el tema En la novela, la vieja casa «reflexiona» y «se arrepiente» de no haberse entregado totalmente a su habitante.

Marta Ares recurrió a una foto antigua de patio porteño o provinciano con niño y mascota en la que la intervención de una mancha la convierte en fantasmal. Marcela Astorga relacionó «la casa» con una columna en la que se apilan cueros vacunos, una idea poco relevante. Isabel Chedufau presenta una acumulación de muebles antiguos, sombrerera, perchas, una instalación evocativa de alguien al que pertenecieron.

Dino Bruzzone, con la profesionalidad que lo caracteriza, exhibe una excelente fotografía de la famosa Casa del Puente tal como fue pensada y proyectada, cuya decadencia la ha transformado en «un símbolo del trágico destino nacional». Mara Facchin, impresión digital sobre lienzo, impresiones bajo vidrio, silueta de madera, moldes de alu minio, pasa a la pared el espacio de la casa que habita y los objetos que la rodean, una visión esquemática, distante, virtual. Marina De Caro, extraña resolución para el tema propuesto: una suerte de infante cabeza abajo sobre una pila de libros titulada «Buscando Casa».

El irreverente Enio Iommi con una obra de 1988, «El arte, arte culinario», materiales diversos para el gallo, el plato con fideos con salsa, la lata de tomates. Efectivamente, en la casa se cocina y a pesar de la irreverencia de entonces, compone escultóricamente. A través de «unlugarparavivircuandoseamosviejos. blogspot.com/», Ana Gallardo propone con un grupo de amigos concretar la idea del geriátrico propio ya que «nada nos asegura que dentro de unos años no vamos a terminar en un asilo». Fotografía-maquetas-video, de la serie «Arquitectura del Deseo», que Fabiana Barreda comenzó a desarrollar en 2006, un cruce de la historia del cuerpo con la historia de la arquitectura. Siempre poética, delicada, transparente, como la casa protagonista. Muy lacónicas las obras de Silvana Lacarra y Nuna Mangiante. En cuanto a Andrea Moccio nunca se puede entrar a sus salas ya que están invadidas por un mar de papel cortado a manera de guirnaldas que las convierten en inestables. Para diferenciarse de otras presentaciones, los muebles deberían haberse adecuado a una casa del siglo XIX, protagonista de la novela. «¿Qué estás pensando?», instalación sonora de Diana Schufer. La artista explica que «son las cosas que se piensany no se dicen, lastiman, hieren, dan vergüenza». Un lenguaje patético. Punto.

Destacamos la creativa obra de Clorindo Testa que ha profundizado el tema y lo ha hecho apelando a la historia y al humor: «Domus Aurea» (grandioso palacio construido por Nerón en Roma situado entre las colinas del Palatino y el Esquilino). Al realizar la obra, por supuesto no en oro ni recubierto de piedras preciosas sino en cartón corrugado, Testa la transformó en la cucha del perro del palacio y por supuesto su rasgo de humor al agregar «Cave Canem» para que nadie sea mordido.   

  • Carlos Herrera (Chile,1968), sociólogo, radicado en Buenos Aires, ganó la Beca Pollock-Krasner en 1997 y 2008 y sus obras figuran en colecciones chilenas y en la Cisneros Fontanals (Miami) entre otras de Estados Unidos.

    Expone en Galería Wussmann (Venezuela 570), una serie titulada «Brainstorm», una palabra muy empleada en el lenguaje corporativo. Por extensión es probable que la mayoría de los cuadros resulten del abordaje intelectual que Herrera ha hecho de figuras significativas. O simplemente ha utilizado sus nombres para darnos ciertos guiños, siempre y cuando el contemplador sepa quiénes son.

    A primera vista, caóticos, es necesario ir «leyéndolos» de a poco, tarea bastante compleja. Se combinan la pincelada desordenada con el dibujo minucioso y enmarañado, manchas, escrituras en francés y en inglés, destellos cromáticos, paisajes y arquitecturas, fragmentos de fotografías que pueden llenar la superficie sin respiro o dejar espacios que aparentan ser calmos.

    Uno de los títulos hace referencia a Milton Avery (EE.UU., 1893-1965), artista que nadaba contra la corriente y que según Robert Hughes se lo señalaba injustamente como el Matisse norteamericano. Aquí Herrera aparece menos caótico, utiliza franjas cromáticas más definidas. «Who was Guy Debord?», acrílico, crayon, grafito, óleo sobre tela (2007). está escrito en uno de los cuadros. Debord era un filósofo, escritor y cineasta francés, formado en la crítica radical de posguerra, autor entre otros títulos combativos, de «La Sociedad del Espectáculo» (1967), que en 1973 convirtió en film.

    Es quizás por estas fuentes en las que abrevó que Eduardo Stupía, autor del texto del catálogo, lo califica como «el glosador freak, quebrado, parcial, confundido pero apasionado de décadas lejanas de alto voltaje militante e ideológico...»

    Otro título como «Potlatch» que requiere investigación: a) grandes fiestas de los kwakiutl (tribu india de la Columbia Británica); b) regalo, obsequio, y también «La fiesta potlatch» expresión usada como idea de consumo, despilfarro y demostración de superioridad. Queda la duda de si Herrera, nos está dando una fiesta potlatch o pone sobre el soporte este conglomerado de ideas de las que se nutre.
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