Roma - Ayer, en el Aula Magna de la Universidad La Sapienza de Roma, Clorindo Testa fue distinguido con el título de Doctor Honoris Causa. Al mismo tiempo, se inauguró una muestra de las obras del reconocido pintor y arquitecto argentino de trascendencia inter-nacional, con una mesa redonda presidida por él, de la que participamos, y al término de la cual, la Embajada Argentina ofreció una recepción. Mañana, en la Facultad Mediteránea de Arquitectura de Reggio Calabria, Testa va hablar sobre su obra. Testa (1923), trabaja desde 1952 en la arquitectura y en la pintura con igual maestría, proyectando edificios que son algo más que objetos de consumo: a través de sus diseños muestra su potencia como creador de ideas y representaciones. En sus obras de mayor trascendencia (la sede del ex Banco de Londres, la Biblioteca Nacional, el Centro Cívico de Santa Rosa, La Pampa) puede reconocerse la importancia asignada a la estructura urbana existente, y no sólo desde el punto de vista formal, sino como hecho sociocultural. Su arquitectura es exclusiva, difícil de encasillar, a pesar de la diversidad de recursos que utiliza para materializarla.
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Uno de sus rasgos dominantes es que no desarrolla una tesis preconcebida acerca de cómo será el espacio y la materialización de cada edificio: ha de surgir de una serie de variables creativas que están siempre presentes en este maestro de la arquitectura latinoamericana. Para Testa, la ciudad es esencialmente un espacio ético y no una simple acumulación de construcciones y elementos urbanos, más o menos atrayentes desde el punto visual y utilitario, pero desasidos de una estrecha correspondencia con los fines que le dieron origen, que la sostienen y afianzan.
Aunque realizó algunas incursiones en el campo de la vivienda unifamiliar y reciclajes para instituciones privadas, su mayor aporte se ha dado en el de los edificios públicos (estatales y particulares), donde son más exigentes y perentorias las necesidades del espacio ético. El ha respondido siempre a esa necesidad con una imaginación desbordante, sólo se sujeta a los dictados de lo que llamaríamos una conciencia urbano-arquitectónica de precisa solidez.
• Diseños
Los diseños de Testa se encuentran, sin duda, entre los de aquellos arquitectos que, desde los tramos finales del siglo XX, han encontrado algunas respuestas imprescindibles. Son las representaciones de un creador de espacios, en los que el hombre pueda desarrollarse en comunión con sus semejantes, aboliendo la soledad y el desamparo. Sus más recientes muestras de arte responden a un programa y adoptan un partido, como si se tratara de una obra de arquitectura. La presencia del artista es evidente y notoria en las formas y los detalles de La Perla, la Plaza del Pilar y Soka Gakkai, entre otras realizaciones de arquitectura en las últimas décadas.
Desde «Mediciones» (1972), sus muestras individuales son, por así decirlo, temáticas y predeterminadas; no expone lo que ha creado en los últimos tiempos sino crea lo que ha de exhibir en fechas venideras. Por eso podemos hablar de series: en rigor, son capítulos de la autobiografía que viene articulando. Y aun aquellas obras que aporta a las muestras colectivas se insertan en la misma narración, como los «Graffittis españoles» (1986), el «Gliptodonte» (1988), «El Espejito Dorado» (1990), «La fiebre amarilla» (1991) y «Explosión» (1992). Esta modalidad de trabajo, tan cercana a la del arquitecto -quien diseña a partir de un programa-, no hace sino confirmar la teoría acerca del carácter autobiográfico de la obra de Testa, relator y relatado.
A fines de 1993, en el Museo de Arte Striped House, de Tokio, el Grupo CAYC (Luis Benedit, Jacques Bedel, Víctor Grippo, Alfredo Portillos, Clorindo Testa y el autor de esta nota) presentó una exhibición conjunta, «América en Oriente». El aporte de Testa incluyó una serie de dibujos que son una variante, al menos formal, de «Mediciones». Estos dibujos, llevados a grandes pinturas y acrecentados en número, formaron su muestra «Repeticiones sobre un mismo tema», expuesta en Buenos Aires, y en coincidencia con una importante retrospectiva de su obra presentada en el Museo de Bellas Artes, en Santiago de Chile.
Los títulos de «Repeticiones» no necesitan comentario: «Aquí estoy», «Estoy riendo», «Estoy llorando», «Estoy pensando», «Estoy dormido», «Estoy vivo», «Estoy muerto», «Ab Infinitum». La serie se completa con el díptico «Esta es mi casa». El modesto espacio donde Testa está riendo, llorando, viviendo y muriendo, bajo el techo sostenido por unas estacas de madera -la más sencilla morada del hombre -, es el sitio del artista y el arquitecto, en el tiempo autobiográfico en que se construye a sí mismo y construye a todos los seres humanos de este mundo, el suyo. Tiempo autobiográfico que no puede ser desasido del tiempo del mundo, sobre el cual alertaba Testa, con sarcasmo, en las telas y dibujos sobre papel de «Hacia un futuro mejor», su muestra de marzo-abril de 1998, una especie de vuelta de tuerca a la imaginería de «Repeticiones».
• Respuestas
Sin embargo, el pintor y arquitecto siempre tiene más para decir acerca de él, por que cuanto dice -obras de arte y de arquitectura-es dicho para el hombre, el hombre de carne y hueso, desde luego. En una entrevista, dio dos respuestas que merecen ser transcriptas: «Uno siempre elige lo que hace. Pude quedarme en Europa a trabajar y no lo hice. Con los años me di cuenta de que quise dejar pasar la oportunidad» (...). «El arquitecto en el estudio, a la espera del cliente, es una imagen que no va más. Pero tampoco creo que haya que convertirse en empresario. Uno es arquitecto. Claro, hay que decidirse a serlo». Es indudable que tomó esa decisión. Y también la de ser artista. Tanto el arte como la arquitectura son para Testa dos vías concurrentes de entendimiento y conocimiento, de expresión y comunicación. Estamos en presencia de un humanista, en un dilatado y noble sentido de un término que siempre define a los creadores.
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