16 de septiembre 2005 - 00:00

Todo escrito sobre gustos

Todo escrito sobre gustos
Algún tiempo después de conocerse su segunda película en los cines, «Como una imagen», se edita en la Argentina en DVD la estupenda opera prima de Agnès Jaoui, «El gusto de los otros». Los franceses siempre tuvieron una obsesión con el «otro», al punto de haber llevado este concepto casi a un plano filosófico. En verdad, nadie le dio tal status a la simple curiosidad por espiar, criticar o imitar, lo que están haciendo en la casa de al lado.

Los «otros» de esta brillante comedia de Jaoui (una Woody Allen sin narcisismo) tienen gustos diferentes e incompatibles. Pero nunca falta alguien que busque mezclarlos y desate el caos, o lo que las revistas de divulgación llamarían la crisis de la mediana edad, la crisis matrimonial, de pareja, o lo que la moda (ese imperio del gusto del otro) aconseje.

Eso es lo que le ocurre a monsieur Castella (Jean-Pierre Bacri), un rico pero rústico industrial que se contrató un asesor de imagen, un guardaespaldas y una profesora de inglés, la noche en que muy a su disgusto se ve en la obligación de acompañar a su mujer (decoradora de interiores y predicadora de la superioridad moral de las mascotas sobre los humanos) al teatro: actúa una sobrinita, en un papel de reparto, y no hay más remedio que ir.

La obra, por si fuera poco, es «Berenice» de Racine, y monsieur Castella descubre con espanto que es «en verso». Pero descubre algo más: Berenice no es otra que Clara, su profesora de inglés, a quien despidió el primer día porque su método de enseñanza no era « divertido». Pero ahora, sobre el escenario, parece otra mujer: lánguida, trágica, pasional. Ese es el tercer descubrimiento de monsieur Castella, el que más infortunios le acarreará: todavía puede enamorarse. De los muchos placeres de esta película uno de los mayores son sus personajes, tan creíbles en sus pequeñas miserias como en sus inocentes vanidades. Una película regocijante, que no sólo participa del mejor humor actual sino en la que se percibe, indudablemente, el espíritu burlón de Molière, que fue un experto en satirizar el «gusto de los otros».

Marcelo Zapata

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