20 de diciembre 2001 - 00:00
TV digital: se endurece la pelea más allá de la norma
La TV digital es el formato del futuro, y también una de las industrias que más negocios pueden generar en la próxima década. Luego de los atentados del 11 de septiembre, las posibilidades de la DTV quedaron en evidencia frente a las deficiencias de la TV actual. Del mismo modo que los giros que está tomando en EE.UU. la industria de las telecomunicaciones demuestran que la DTV es sólo la punta del iceberg de negocios millonarios que ya están empezando a ser tomados en cuenta en la Argentina, donde en sectores clave también se coincide en la importancia de no regalar el espacio radioeléctrico.
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Artear y Telefé abrazaron la norma estadounidense ATSC como un regalo del cielo: no sólo recibía -«a préstamo»- frecuencias digitales para experimentar con sus nuevos gadgets, sino que se aseguraban la adopción de un sistema que sólo acepta la alta definición (HDTV), que además de ofrecer una calidad excepcional a precios imposibles (10 mil dólares de promedio), tiene la ventaja adicional de acotar la cantidad de nuevos canales digitales que podrían ser licitados por otras firmas.
Si el espectro estadounidense liberado al final de la transición a la TV digital vale u$s 200 mil millones, en la Argentina la introducción de esa tecnología -en tiempos de una economía normalizada-podría ayudar a mejorar las arcas del tesoro nacional. Los expertos no se ponen de acuerdo en cuál es la manera adecuada de valuar el espectro radioeléctrico argentino. Pero si se toma como referencia los u$s 200 mil millones de los EE.UU., por población y producto bruto en la Argentina deberíamos estar hablando de que las ondas vacantes por la llegada de la nueva tecnología podrían llegar a negociarse -si hubiera alguien que las comprase en un país funcionando-entre los u$s 20 mil millones y los u$s 65 mil millones.
En el seminario de TV Digital incluido en la exhibición CAPER2001 que tuvo lugar en Buenos Aires en octubre pasado, un directivo de Artear -empresa del monopolio Clarín-, en su papel de panelista, eludió dar una respuesta directa a esta pregunta. En el mismo seminario, Robert Graves, presidente del consorcio ATSC, incluso desestimó como alocada la cifra de los u$s 200 mil millones que pide el presidente Bush. Para dirimir cualquier duda sobre el valor ascendente de esta onda para la industria de las telecomunicaciones, basta con mencionar los u$s 16,9 mil millones en los que se valuaron unas 200 frecuencias radioléctricas que estaban congeladas desde 1996 por la quiebra de la empresa NextWave.
Así, un negocio que no da dinero hasta cinco años más tarde de iniciado genera semejante fortuna (de la cual u$s 10 mil millones pasaron a la caja chica de la FCC que maneja Michael K. Powell, segundo hombre fuerte de Bush detrás de su padre, Colin Powell).
«No sé como se cotizan esas frecuencias, pero sin duda es algo de gran valor, que no hay dejar que se regale. La TV digital y las nuevas tecnologías son temas fundamentales que deberían ser legislados como una cuestión de estado», dice el diputado arista Héctor Polino, uno de los legisladores argentinos que ha demostrado interés por el medio de comunicación que parece destinado a dominar la primera mitad del siglo XXI. «Lo lamentable es que siendo un tema tan importante, la TV digital no sea percibido como un problema, por lo que no termina de instalarse en la gente».
Lo que tampoco termina de instalarse es la noción de las implicaciones que tiene este nuevo medio. Un relato de Mark Aitken a este diario no sólo no habla bien de la norma ATSC, sino que describe perfectamente los nuevos usos que se le puede dar a la TV digital: «A comienzos del año pasado el Pentágono había difundido un comunicado sobre su preferencia de la norma técnica DVB debido al potencial de la TV de recepción móvil en una situación de seguridad crítica. Y este año, la misma tarde del 11 de septiembre, luego de los atentados en el World Trade Center y el Pentágono, el Departamente de Estado pidió una reunión con el Sinclair Group para tratar de poner en práctica cuanto antes algún dispositivo de TV digital para uso militar o de organismos de seguridad», dijo. «Esta nueva guerra dejó en claro tanto la importancia de los canales locales de TV -en Nueva York, Washington y Filadelfia-, como también las terribles deficiencias técnicas actuales, partiendo desde ya de que en NuevaYork, en el momento del atentado y los días siguientes, quedó transmitiendo un único canal de TV».


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