"Un director no debe mandar sino inspirar"

Espectáculos

La actriz española Assumpta Serna y el actor escocés Scott Cleverdon hablan de métodos de interpretación, pero también de un pueblo donde gatos y perros vivían sobre los techos, y se caían si empezaba a llover fuerte (de ahí el «raining cats and dogs»), refranes de doble sentido, que tienen su origen en el uso de los fusiles a chispa, y acentos diversos que se contaminan o se diluyen con otra lengua. «Nos conocimos hablando de estas particularidades del lenguaje», dice Serna sobre su marido que, a propósito de modismos argentinos, comenta «Cuando supe de un cantante apodado La Mona, creí que sería un travesti, y resultó tremendo tipo.»

Periodista: Acaban de hacer una pequeña gira por el país. ¿Cómo les fue?

Assumpta Serna: Muy bien. Dimos charlas en La Plata y Trelew, cerca de donde protagonicé «Momentos robados», y talleres en Buenos Aires, Córdoba, y Mendoza, donde filmamos tres cortometrajes, con gente super maja, muy creativa. Todo esto se originó es un impulso del Incaa, la agencia española Aecid, y nuestra propia Fundación First Team, dedicada a mejorar las relaciones entre actores y directores en las escuelas de cine.

Scott Cleverdon: Los estudiantes aprenden a tratar con técnicos de diversas disciplinas, pero no siempre saben cómo tratar a los actores, y tampoco hay escuelas de actuación para cine, donde aprender la relación con la luz, el tamaño del plano, la continuidad, etc.

A.S.: Muchas veces el actor está fuera del proceso creativo, ni siquiera tiene ensayos de mesa, sobre todo en películas de bajo presupuesto, y como tampoco lo tuvieron en cuenta para elegir el lugar de rodaje, le falta tiempo para construir su personaje en un espacio determinado. En preproducción y rodaje, hay decisiones que el actor debería compartir.

S.C.: Por falta de diálogo, algunos directores marcan demasiado las acciones, desconfían del actor, paralizan su imaginación, lo tratan como algo decorativo. Según algunos, Alfred
Hitchcock
dijo «los actores son ganado».

A.S.: Varios directores aman esa frase.

S.C.: Lo que dijo fue «No son ganado, pero debes tratarlos como ganado». Y agregó «si no tienes la estrella que quieres, debes enseñarle a tu actor a que sea como esa estrella».

P.: Ustedes deben haber pasado experiencias feas.

A.S.: Más que terribles, pero el actor se adapta a todo, absorbe como una esponja, capta la temperatura, y, si es buen observador del alma humana, entiende lo que pasa y lo convierte en energía creativa.

S.C.: Al comienzo de mi carrera perdí algunos trabajos por carecer de experiencia en cámara. Suerte que tampoco me tocó un director que quiera jugara costa de los nervios ajenos. Los actores no necesitamos esa clase de estímulo.

P.: En cuanto a estímulo, ciertos actores también tienen lo suyo.

S.C.: Sobre ellos hay una historia. En una escena de «Maratón de la muerte» el personaje de Dustin Hoffman no ha dormido, tiene frío y, para interpretarlo, Hoffman no durmió, y se puso cubitos de hielo entre la ropa. Laurence Olivier lo miró y le dijo «Mira, cariño, hay una manera más fácil, se llama interpretación». De todo eso les hablamos a nuestros ocasionales alumnos.

A.S.: Mis comienzos fueron más afortunados, primero con Francesc Bellmunt, que éramos amigos del teatro, y filmamos sobre nosotros mismos, y más adelante con Carlos Saura, que en «Dulces horas» me dejaba ver lo que habíamos rodado horas antes (entonces no era común el video asistente). Le gustaba que aprendiéramos, quizás así también quería contagiarnos algo de su enorme grado de perfeccionismo, pero nunca nos imponía nada. Al contrario, nos sugería, nos alentaba. Para nosotros, el mejor director no es el que manda, o manipula, sino el que inspira.

P.: Eso es lo que proponen ustedes.

A.S.: Claro, eso es un poquitolo que venimos a ofrecer, y encontramos muy buena recepción. En la Enerc, con chicos que el año pasado tuvimos de oyentes. En Mendoza, incluso con actores de larga trayectoria como Bachi Buttini, y profesores locales de actuación, que quieren seguir aprendiendo. Y en Córdoba nos esperaban con varios proyectos ya avanzados de largometraje, fenomenales, como «Hipólito», «Gran Real», «El invierno de los raros que brincan».

P.: ¿Qué es eso?

S.C.:
Pues, unos tipos raros que supongo que brincan. Nosotros lo que hicimos fue bailar cuarteto, porque otro proyecto, «De caravana», era sobre los fanas de la Mona, así que fuimos a un recital. ¡Había cerca de 8000 personas!

A.S.: Y en Mendoza nos bailamos de todo. Ahí también me reencontré con la «elle».

S.C.: Durante este tiempo apostamos a argentinizar nuestro acento. Pero ella ya había hecho de argentina en «Uncertainly», que se verá en el festival de Toronto.

P.: Considerando su personaje de Catalina de Aragón en la serie «Henry VIII», ¿de qué forma evitar un personaje tan insípido como habitualmente se lo pinta?

A.S.: Ahí está precisamente un ejemplo de diálogo entre actor y director. Porque ella tenía muchísimo poder, sabía lenguas, fue una gran embajadora en una época conflictiva, una verdadera estratega política, y el pueblo la quería muchísimo, pero la historia la escribieron los ingleses, privilegiando a las mujeres inglesas del rey. También la serie tenía poco rigor histórico, pero yo me documenté mucho, leí las cartas que están en la Biblioteca Española, y que los guionistas ignoraban. Gracias a eso, con el director decidimos darle verdadera honorabilidad al personaje.

S.C.: Eso es interesante, porque Catalina era una reina auténtica, el resto fueron caprichos de ese loco, por cuya culpa rodaron cabezas y se destruyeron miles de iglesias y monasterios. Al terminar la escena en que Assumpta desarrolla el discurso de la reina en la Corte, todos los técnicos la aplaudieron. Y no sé si hubieran aplaudido a una actriz inglesa.

Entrevista de Paraná Sendrós

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