25 de diciembre 2000 - 00:00
Un héroe insólito en Hollywood: Sade
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En el teatro y el cine, también surgieron obras clave, como «Marat-Sade», de Peter Weiss y el largometraje homónimo que el director teatral inglés Peter Brook realizó sobre su puesta de esa obra; además de «Saló», la polémica adaptación que el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini hizo del libro de Sade «Las 120 jornadas de Sodoma».
Kaufman, director de «Elegidos para la gloria», «La insoportable levedad del ser» y «Henry y June», no filmaba desde hacía siete años. Durante ese período la fatwa (sentencia de muerte musulmana) decretada contra el escritor indio Salman Rushdie por blasfemar contra el islamismo en el libro «Los versos satánicos» fue retirada, y el imprevisible Marilyn Manson surgió en la escena pop siendo considerado como el anticristo del rock. Según el dramaturgo-guionista Doug Wright, su obra teatral, estrenada en Broadway en 1995 (en la que se basó Kaufman para la película), es un homenaje a esos dos artistas, Rushdie y Manson.
«Mi Sade evoca el espíritu de artistas con ideas diferentes como Rushdie y Manson, o sea, pensadores deliberadamente clasificados como opuestos a la cultura dominante», señaló el ahora guionista Wright. «Mi idea fue abrir una discusión sobre la idea de libertad de expresión». El cineasta Kaufman amplía el concepto: «Nuestro interés era hacer una película sobre las consecuencias de la represión, presentando un Sade heroico y villano».
Dado que el enviado de Napoleón se enamora perdidamente (y se muestra más «sádico» que el creador literario) de una adolescente (Amelia Warner) sirvienta por horas, el marqués continúa fuera de control, enviando otras obras de su prosa.
Al reasumir el propósito de su viaje, Royer-Collard confisca todas las lapiceras (las «plumas», «quills», del título de la película) que hay en la amplia suite de Sade, decorada con estatuas de parejas copulando y otros pertrechos para el placer sexual, además de centenares de libros. Imposibilitado de escribir por vías normales, Sade toma por asalto su pequeña bodega de vinos y continúa fabricando sus cuentos en telas de linos, escribiendo con un hueso de pollo.
Cuando Madelaine es sorprendida en la lavandería con los géneros escritos, la celda de Sade es despojada de todos sus muebles. Sólo le queda al escritor su sangre y utilizar la punta de sus dedos para aplicarla sobre su traje azul de satén. Antes de ser torturado en una silla con constantes inmersiones en una bañera repleta de agua, Sade pasa sus últimos días desnudo en la celda. Un truco postrero del escritor es dictar sus textos de celda en celda hasta que sus pensamientos, un poco desvirtuados, llegan a la lavandería, donde Madelaine los pasa a papel.
En su minuciosa investigación para montar «Quills», Wright llegó a la conclusión de que, mucho antes que los hermanos Lumière y el cine digital de Lars Von Trier, existió Sade, que pensaba como un cineasta. «Gran parte de las acrobacias sexuales de «Las 120 jornadas de Sodoma» son biológicamente imposibles, y se vuelven elementos literarios de la sátira y la fantasía», explica, y agrega «nunca se percibió el potencial que Sade tenía de pensar tridimensionalmente. Si hubiera vivido en el siglo XX, tendríamos un cine mucho más arrollador».
Wright también intentó mezclar la genialidad con la duda acerca del extremismo literario de Sade, calificado por muchos críticos como un trabajo de segunda línea, con pobreza narrativa y en la evolución de los personajes. «Sade era un gran «poseur» ya que, en el momento de su más ultrajante descripción pornográfica, era sexualmente impotente. Nosotros quisimos captar la angustia y la desesperación de esa persona que ya no conseguía ninguna gratificación sexual».
Para componer plásticamente la ruina de Sade, Kaufman contó con la ayuda del joven director de fotografía holandés Rogier Stoffers, que hace su bautismo en una producción de Hollywood después de su brillante y opresivo trabajo en «Carácter», film de Mike van Diem que ganó el Oscar a la mejor película extranjera en 1998. «Adoro el espíritu del cine holandés» -explica Kaufman-y, en complicidad con Rogier, intenté trasladar a mi película la luz de los cuadros de Gerard David (1460-1523) y de Jean-Baptiste Chardin (1669-1779).»
«Quills» carece de las escenas repugnantes que sí incluyó Pasolini en su versión de «Saló», a pesar de que hay una secuencia de necrofilia. «Este Sade no busca escandalizar sino hacer que mucha gente piense en el estado actual de nuestra cultura», dice Kaufman. Sade también fue interpretado recientemente por el actor francés Daniel Auteuil, en la película «Sade» de Benoit Jacquot que acaba de ser estrenada en Francia.




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