«Castelao y los hermanos de la libertad» («Castelao e os irmáns da liberdade», España, 2002, habl. en gallego y español). Dir.: Xan Pérez Leira. Documental.
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No es común escuchar una película (para el caso, documental) casi enteramente hablada en gallego, una lengua más dulce que el portugués, y más clara a nuestro oído. Y como la mayoría de los que aparecen son unos viejos de voz generalmente calma, el sonido es casi una especie de rumor musical, que puede oírse largo tiempo placenteramente.
En todo caso, el problema es que todos dicen prácticamente lo mismo. Mejor dicho, hablan desde un mismo lado de la mesa. Y a veces, más que del personaje histórico, hablan del movimiento galleguista al que dedicó su vida. Lo cual, si releemos el título de la obra, tiene su lógica. No se desarrolla acá la faceta del creador de miles de viñetas costumbristas y grafías tan precisas como sorprendentes, sino la faceta del político que bregó por su tierra, dentro y fuera de España.
De allí la monocordia temática, pero de allí también la fuerza evocativa, nada nostálgica, del trabajo. Que además tiene una imagen sorprendentemente bien cuidada, y enriquecida con material de archivo tan bien procesado que pareciera que lo filmaron ayer a la noche. Y tiene, sobre todo, una producción notable, con enormidadde testimoniantes, empezando por la propia hermana de Castelao, ya anciana pero muy lúcida, y con un itinerario que va de Galicia a Buenos Aires pasando por media América, porque por media América anduvo el hombre, y las multitudes se congregaban a su paso. Impedido de volver a su patria, Castelao vivió entre nosotros sus últimos años, roto el corazón por la morriña y las decepciones de la política.
Murió a comienzos de 1950, y la Avenida Belgrano se llenó de gente. La película recoge esos hechos, y otros de similar interés no sólo para los estudiosos. Caben algunas objeciones, pero son menores. En todo caso, corresponde remitirse a otro documental, sencillamente titulado «Castelao», del maestro Jorge Prelorán, con libreto de Antonio Pérez Prado, que reseña muchos más aspectos de su vida. El final incluye registros de Eligio González, quizás uno de los más calificados camarógrafos de noticieros que hubo en estas tierras, famoso fotógrafo de la colectividad gallega, de ocupación portero.
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