8 de abril 2008 - 00:00

Un pródigo Chico Cesar cautivó a (pocos) fans

Chico Cesar (voz, percusión, guitarra). Con Priscila Brigante ( batería, percusión). (Teatro IFT, 3 y 5 de abril.)

Como sucede con muchos músicos brasileños, Chico Cesar no responde a un único estilo musical. Y a lo largo de sus seis discos -el último de los cuales, «Cuzcuz pla», acaba de ser editado en nuestro país-, ha recorrido caminos muy diferentes: del rock al pop, de la música experimental a las influencias folklóricas, de la canción con melodía bien al frente a los juegos instrumentales (aún con la voz). Y, así como el año pasado vino a Buenos Aires para tocar con un grupo de cuerdas en un formato más intelectual, esta vez eligió la relación directa, la percusión como principal sostén de sus temas, la emoción de los estribillos y las palabras repetidas.

Ya desde su propio «look» y el de su acompañante, la baterista y percusionista Priscila Brigante, trajo una propuesta que podría asociarse al «hippismo».

En tres largas horas de show -un exceso-, Chico Cesar recorrió una enorme parte de su material, para un público fiel, y muy conocedor de sus composiciones, que de todos modos, no alcanzó para llenar el teatro.

Chico canta muy bien y maneja con soltura su garganta, tanto para la melódica amplia como para los juegos vocales y la interrelación coral con el público. Sólo usó, y a ratos, la guitarra como instrumento armónico, aunque siempre con un toque rasgueado «cuasi» percutido. El resto del acompañamiento instrumental lo pusieron su «instrumento» -una suerte de mezcla entre berimbau y cítara nordestina pasado por la electrónica- y las diversas percusiones de su compañera. Mejor con los instrumentos afros que como baterista, Priscila Brigante es un complemento fundamental para este momento de Cesar. Una platea entusiasta siguió con regocijo sus canciones, lo acompañó en coros grupales y bailó cada vez que la marcación rítmica se adueñó de la sala.

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