19 de enero 2001 - 00:00

Un recital para gente tranquila

Sting ingresó calmo al escenario, sin demasiada efusividad. Apareció caminando raudo, se paró frente al micrófono y, guitarra en mano, comenzó a cantar. Pero el público que se congregó en Vélez para ver tocar al ex The Police tampoco es aquel que hace culto a los desenfrenados jóvenes que «poguean» en el campo, saltan las dos horas que dura el recital, desgarran sus gargantas y destilan sudor.

El público predominante fue el de la franja de los 30 años que, no por su edad sino por el estilo que propone el cantante, vivió el recital desde la comodidad de sus asientos. La pasividad fue el rasgo distintivo de los espectadores, a los que se vio más entusiasmados cuando Sting se animó con algunos temas de The Police.

Sin embargo, la euforia duraba cuanto mucho un estribillo: la gente se paraba, aplaudía rítmicamente y hasta entonaba algún coro pero se apuraba a volver a sus sillas. Las mujeres superaron en cantidad a los hombres pero, afortunadamente, no con la histeria habitual que hace que los gritos desgarradores enmascaren la música de la banda.

El cantante demostró que es capaz de convocar a más de 25 mil personas y sostener un recital que dejó a más de uno con ganas de seguir escuchando. Y la mayor prestancia la confirmó hacia el final del espectáculo cuando, despojado de su imponente banda de músicos, interpretó los dos últimos temas, solo en el escenario. Eran él y su público, en la inmensidad del estadio. Sin duda hay un código que combina a la perfección su estilo con los rasgos serenos y, hasta reflexivos, de sus seguidores.

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