30 de noviembre 2001 - 00:00
"Un teatro no puede funcionar con hostilidad y a los gritos"
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Sergio Renán
Renán, por estos días, no esconde la aflicción que le produce volver a alejarse de la sala de Plaza Lavalle, aunque en el fondo también parece más aliviado por la perspectiva de continuar, en otros espacios, vinculado a la ópera. En principio, llevará su celebrada puesta conjunta con Mstislav Rostropovich de «Lady Macbeth de Mtsenk» a Roma, a la Sala Santa Cecilia, y tiene en carpeta otras producciones. Aunque aclara en el acto: «Pero no en el Colón».
Periodista: ¿Renuncia por su salud y por qué más?
Sergio Renán: Básicamente por mi salud, porque las cosas que se estaban viviendo dentro del Colón me volvieron a enfermar.
P.: Concretamente...
P.: ¿Se refiere a algún funcionario en particular?
S.R.: Me refiero a los poderes paralelos a la Secretaría de Cultura que existen en la nueva estructura municipal. En este estado de cosas no se puede hacer nada. Todo es confrontación, obstáculos, agresiones. Esto no ocurría en mi gestión anterior, donde yo tenía la independencia normal que debe tener el director de un teatro de estas características. Pero ahora, y más allá de que mi cargo estaba más acotado, porque era el de director artístico y no general, tomar una decisión se había vuelto algo imposible. Cualquier directiva tenía que pasar por infinitos espacios posteriores, y después no había respuestas, o las respuestas se demoraban. Y todo en el medio de un clima de hostilidad general. No es mi estilo llegar a completar una buena producción de ópera a los gritos en un pasillo.
P.: ¿Cómo quedó su relación con Jorge Telerman?
S.R.: Cordial. Me ofreció participar del futuro consejo de administración del teatro.
P.: ¿Aceptará?
P.: ¿Qué le parece la designación de Martha Argerich en la asesoría artística?
S.R.: No tengo claro el nivel de utilidad de ese nombramiento. Y digo esto sin suspicacia alguna. En fin, el tiempo dirá si esa elección le puede dejar algo al Colón, si puede representar el aporte de ideas no previsibles, más allá de la notoriedad de quien estamos hablando.
P.: ¿Y la de Emilio Basaldúa como director general?
S.R.: Bien. Entre las hipótesis pensables es buena.
S.R.: Sí, y creo que mucho más que eso. Es una de las temporadas de las que más me enorgullezco entre todas las que diseñé. Desde luego, con un nivel de desgaste físico, de sufrimiento e incertidumbre como nunca pasé en mi vida. Cada título suponía el temor permanente de no poder verlo realizado, una permanente angustia hasta el final. Cuando el espectáculo estaba finalmente en escena me parecía milagroso.
P.: ¿Respetarán su temporada para el año próximo?
S.R.: Entiendo que sí. Por su composición de títulos, me parece una temporada muy equilibrada e interesante. Eso sí, el público ya empezará a notar cambios muy sensibles con respecto a este año. Dicho de otra forma, la austeridad se va a hacer sentir. Va a haber muy pocas figuras internacionales a la altura de la tradición del Colón, aunque los elencos, que en algunos casos no han podido ser completados todavía, estén compuestos por muy buenos artistas. También están resueltas las temporadas para el ciclo de Opera del Siglo XX y del Centro de Experimentación. Y habrá más ballet.
P.: La falta de una temporada de ballet es una de las quejas que más se oyen.
S.R.: En ese sentido, puedo asegurar que la temporada del año próximo, si se cumple según lo que hemos dispuesto, será estelar en materia de danza. No sólo volverán al escenario del Colón figuras como Julio Bocca, Maximiliano Guerra e Iñaki Urlezaga, o la visita de la Compañía de la Opera de París, sino que el ballet tendrá presencia permanente en el escenario del Colón.



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