Más conocido como libretista («Quiero decirte que te amo», «Amada hija», «Hechizo de amor»), el director Adam Brooks presenta aquí un trabajo que vale la pena firmar como propio, aun cuando adapte un texto ajeno (la novela de Jennifer Egan, «The Invisible Circus»), y aun cuando algunas de sus escenas resulten de fórmula. Por ejemplo, aquella donde la hija mayor se despide, la madre suspira, la hermanita se queda en mitad de la calle, y la madre le pregunta si quiere un sándwich ya se ha visto en por lo menos tres telefilms. Lo que no se ha visto, en mucho tiempo, es para dónde se va la muchacha. Terminan los años '60, y Norteamérica vive los ecos del flower-power, la rebelión estudiantil, y todo eso. Hija dilecta de un artista frustrado, la chica seguirá en Europa un entusiasmo de cambio que terminará en suicidio. Así se le informa a la familia, y es lo que años después querrá comprender la hermanita menor.
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Para ello, rehace el camino de la otra, encontrando la huella de hippies, terroristas y un amante. De hecho, tras integrar la izquierda festiva, tirarles plumas a los políticos en París, y marihuanearse en el mismo estadio de los grandes encuentros nazis en Berlín, la más grande quería hacer, justamente, algo más grande. «Creía que estaba cambiando el mundo, pero en realidad buscaba estímulos», explica el ex novio, agregando también otra razón más psicoanalítica. Y la más chica va aprendiendo.
A cierta altura, y tras un viajecito lisérgico por Amsterdam y algunas licencias narrativas, la película va tomando un curioso viraje, medio erótico-turístico, que conducirá hasta la ermita de Nossa Senhora do Cabo, en Espichel, muy bonita, y a la protagonista del film también la hará llegar a cosas similarmente bonitas.
Ya se la deja de ver como si fuera la preadolescente de «Laberinto»..., pero los laberintos suelen reaparecer si no se rompen. Resumiendo, no es la clase de película norteamericana que suele verse habitualmente. Aunque bastante liviana comparada con las revisiones que de la misma época suele hacer el cine europeo, «Secretos» tiene sus atractivos, argumentales, y también de los otros. Quien vaya por Cameron Díaz, saldrá engolosinado por Jordana Brewster.
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