«La Pasión según San Mateo» de Johann Sebastian Bach. Solistas, Camerata Bariloche, Grupo Canto Coral (niños, jóvenes, adultos). Dirección: Mario Videla. (11/7, Teatro Colón, org.: Festivales Musicales).
Revivir la «Pasión según San Mateo» de Bach se convirtió en una noche para la antología del Teatro Colón, que estaba repleto de público tan respetuoso como silencioso, tan entusiasta como agradecido, con un alto porcentaje de gente joven que después de tres horas y media con una de las obras cumbres de las humanidad, en una producción local, seguramente deben haber concluido que por ésta y otras razones vale la pena vivir en este país.
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En efecto, hacer la magna obra demanda tres coros, dos orquestas, dos órganos, clave, viola da gamba, seis solistas de primera línea y ocho secundarios; agotadores ensayos, experiencia, talento y una dirección precisa. Todo este poderío fue local, con la única excepción del tenor Hans Jürg Rickenbacher, traído de Suiza para el difícil papel del Evangelista, que con su relato va uniendo las secuencias tomadas de los capítulos 26 y 27 del Evangelio según San Mateo, el que más dramáticamente narra el misterio del Gólgota.
La mezzo Bernarda Fink cantó maravillosamente, en especial el aria acompañada por el violinista Fernando Hasaj en superlativa simbiosis. Marcos Fink hizo un conmovedor Jesús. La soprano Mónica Philibert en excelente estado, así como Alejandro Meerapfel asumiendo a Judas y a Pedro. El eficaz y teatral barítono Víctor Torres hizo un imponente Pilato, pero fue cálido y comunicativo en el aria final, desprendido del personaje.
• Músicos
Desde los músicos también hubieron momentos sobresalientes y de valiosa cooperación. Juan Manuel Quintana apoyando los recitativos con su viola da gamba y en el aria con el tenor; el sonido feérico y la musicalidad del flautista Claudio Barile y del fagotista Gabriel La Rocca, la expresividad de Andrés Spiller en oboe, la precisión del organista Enrique Rimoldi y la sobriedad de la clavecinista Viviana Lazarín. La Camerata Bariloche se integró al todo como para el recuerdo.
Hay que elogiar a Nere Arceo por lo bien que se desempeñaron y cantaron sus 34 chicos; a Pablo Piccinio por modular las voces jóvenes y a Néstor Andrenacci que ensambló con profesionalismo a los Coros.
Esta obra gigantesca, cumbre del barroco sacro, tuvo en el apasionado Mario Videla un director que supo -con convicción y ternurahacer aflorar lo mejor de cada músico y cantante que tenía al frente, más de 200 almas en una realización que, como se dijo al principio, es antológica y para inscribir entre los mejores recuerdos de una vida musical.
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