Mariela
Schemper y
Carlos
Vittori en el
tercer acto
de la clásica
ópera de
Giacomo
Puccini.
«La Bohème». Opera en cuatro actos. Mús.: G. Puccini. Lib.: Illica y Giacosa. Dir. Mus.: C. Calleja. Régie: O. Barney Finn. Esc.: E. Basaldúa. Vest.: M. Zuccheri. Ilum.: L. Rodríguez. Coro J. Lyrica. Dir. : M. Pesce. (Teatro Avenida). Próx. funciones: 7 y 9 de septiembre.
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El tercer título de la temporada de Juventus Lyrica es «La Bohème», de Puccini, en una nueva producción escénica. La Asociación ya había encarado esta ópera basada en las «Escenas de la vida bohemia», de Murger en 2003. También es la segunda de esta temporada en Buenos Aires ya que el Teatro Colón inauguró la suya con otra puesta de la popular obra pucciniana en abril.
«La Bohème» soporta las más variadas interpretaciones por parte de los régisseurs, que van desde la mirada tradicional a la iconoclasta sin que -en la mayor parte de los casos- se pierda la esencia y el dramatismo de la historia del grupo de artistas que vive en una paupérrima bohardilla del Barrio Latino.
La propuesta de Oscar Barney Finn para Juventus Lyrica posee el mérito de ser a la vez renovadora de los cánones tradicionales y respetuosa de algunas pautas. Comprometido con su actividad como cineasta, el director arma en el escenario del Avenida un set en el que un nervioso equipo cinematográfico filma la ópera de Puccini.
Una cámara montada sobre un carrito intenta travellings y acercamientos a primeros planos de la acción. Esta se desarrolla en un acotado espacio central marcado por una alfombra texturada y con los elementos mínimos que acercan al espectador a la época original del París del Ochocientos.
Tanto la escenografía multimedia de Basaldúa como los vestuarios de Zuccheri y las luces de Rodríguez cumplen con su misión ambientadora, mientras que el pulso fílmico de Barney invita al espectador a ver la acción como si fuera a través del ojo de la cámara. Feliz idea de sintetizar dos pasiones: el cine y el teatro.
Musicalmente preparada y dirigida por Carlos Calleja, la obra se oyó en una versión de orquesta reducida, que si bien no tuvo la espectacularidad sonora de otras realizaciones se adaptó con mayor fortuna a una concepción más camarística, concentrándose en la emotividad y los pequeños percances de los protagonistas. El coro, muy bien dirigido por Miguel Pesce, participó de manera neutra en el acto del Café Momus y los cantantes principales estuvieron rodeados por figurantes.
La ejecución de Calleja al frente de orquesta y cantantes resultó conmovedora. El equipo de intérpretes para los papeles principales fue eficaz, con puntos altos en Virginia Savastano en una Musetta de voz fresca y sonora, y en Fernando Grassi quien jugó a Marcello con excelente canto. Ambos demostraron ser consumados actores. En la escena final la totalidad de los elementos puestos en juego lograron el clima de patética desolación y desasosiego.
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