25 de agosto 2005 - 00:00
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Gon Li, en "2046", es una apostadora que ayuda al protagonista Tony Leung, y lleva el mismo nombre que su amante en el film precedente.
«2046» se complementa con esa obra maestra que fue «Con ánimo de amar» (es una pena que no se haya estrenado en el país «Days Of Being Wild», que de alguna forma inició en 1991 esta virtual trilogía). Sin embargo, la nueva película no es secuela de la anterior sino su reflejo casi paralelo, un reflejo esperpéntico, pesadillesco. A la síntesis y la emotividad de «Con ánimo...», «2046» le opone una construcción barroca, manierista, y emotivamente distante, una oposición que no le es ajena a su propio tema: el recuerdo y el olvido.
El damero no concluye allí: Chow, que ha dejado su trabajo de periodista y que ahora se dedica a escribir novelas baratas, incurre en la ciencia ficción ayudado por la señorita Wang. La trama del libro que escribe transcurre, justamente, en 2046, año en el que Hong Kong será recuperado políticamente por China, aunque ese límite, como lo fueron los disturbios populares en los '60, son sólo «ruidos» coyunturales de una historia cuyo único espacio privilegiado son los cuartos baratos de hotel, aquellas « chambres louées» a las que le cantó Edith Piaf.
De ese futuro, diseñado digitalmente y con mujeres androides (una de ellas es la misma Wang), la gente no vuelve; sólo él logra hacerlo, pero para enclaustrarse en la habitación 2046 del ruinoso hotel, la mismade sus antiguos encuentros clandestinos con Su Li. En ese futuro, la gente recupera definitivamente sus recuerdos; ese futuro, por último (y otra vez con ecos borgianos), no es otra cosa que el pasado.
Kar-wai, junto con su equipo de tres directores de fotografía en el que sobresale el celebrado Christopher Doyle, ha replicado, perfeccionado si cabe, el asombroso diseño visual de «Con ánimo de amar». Creativamente, el film no sólo desborda en los aspectos antes referidos, sino también en su pasión por «citar» el cine con el que se siente hermanado: el de Lang, el de Resnais, el de Kubrick. También sus músicas: hay citas textuales de obras de Delarue para Truffaut, de Raben para Fassbinder y de Preisner para Kieslowski. «2046», finalmente, es una película que puede provocar muchos efectos sobre el espectador; inclusive, decepcionarlo.


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