25 de agosto 2005 - 00:00

Una historia de amor y olvido tan brillante como desordenada

Gon Li, en 2046, es una apostadora que ayuda al protagonista Tony Leung, y lleva el mismo nombre que su amante en el film precedente.
Gon Li, en "2046", es una apostadora que ayuda al protagonista Tony Leung, y lleva el mismo nombre que su amante en el film precedente.
«2046-Los secretos del amor» («2046»,China-Hong Kong-Francia-Alemania, 2004; habl. en cantonés y japonés). Dir.: Wong Kar-wai. Int.: G. Lee, F. Wong, Z. Zhang, C. Lau y otros.

No es extraño que el cineasta de Hong Kong Wong Kar-wai haya demorado casi cinco años en terminar «2046», siempre que se acepte que es una película terminada, algo que no queda demasiado claro. Presentada a las corridas en Cannes del año pasado (Kar-wai continuaba editando los últimos actos cuando la proyección ya había empezado), al término del festival la retiró de circulación e hizo una versión nueva, que es la que se conoce ahora. Pero podría haber otra, y otra.

Fue Borges quien dijo que todo escritor publica un libro para olvidarse de él y no pasarse la vida corrigiéndolo. Algo así ocurre con este film cautivante, hipnótico, pero que se rinde finalmente ante su condición de borrador. Una «obra en construcción» deslumbrante y conceptual, que transcurre en un espacio donde se insinúa permanentemente algo muy grande que está a punto de suceder, aunque nunca lo haga.

«2046»
se complementa con esa obra maestra que fue «Con ánimo de amar» (es una pena que no se haya estrenado en el país «Days Of Being Wild», que de alguna forma inició en 1991 esta virtual trilogía). Sin embargo, la nueva película no es secuela de la anterior sino su reflejo casi paralelo, un reflejo esperpéntico, pesadillesco. A la síntesis y la emotividad de «Con ánimo...», «2046» le opone una construcción barroca, manierista, y emotivamente distante, una oposición que no le es ajena a su propio tema: el recuerdo y el olvido.

Ambientada centralmente en el Hong Kong de fines de los años 60, con saltos al pasado y al futuro remoto, el señor Chow (Tony Leung), que se había distanciado en el film precedente de la única mujer que amó, Su Li Zhen (Maggie Cheung), es ahora un hombre que cambió retraimiento y trasparencia por cinismo y extroversión. La soledad y la inquietud, no obstante, son las mismas.

Contra una única mujer que terminaba, en el desenlace, impulsándolo a un ritual oriental ancestral (en la cima de un monte, musitar un secreto en la hendidura de un árbol, a la que luego hay que tapar con barro), en «2046» las mujeres en su vida son, al menos, cuatro: rostros intercambiables de la única cuya ausencia siente en su cuerpo. Luis Buñuel, en «Ese oscuro objeto del deseo», había empleado dos actrices distintas para el mismo personaje. Kar-wai, aquí, se vale de cuatro para representar un mismo fantasma.

Lulú (Carina Lau), para quien él mismo funciona como espejo de otro hombre; la prostituta Bai (Ziyi Zhang, la luminosa protagonista de «La casa de las dagas voladoras»), que termina enamorándose de él; Wang (Faye Wong), hija mayor del dueño del hotel donde vive, y para quien en un principio Chow sólo representa un mediador en su prohibido romance con un japonés y, finalmente, una apostadora que lo ayuda, y que lleva el mismo nombre que su antigua amante, Su Li Zhen (interpretada por la estrella del cine chino Gong Li).

El damero no concluye allí: Chow, que ha dejado su trabajo de periodista y que ahora se dedica a escribir novelas baratas, incurre en la ciencia ficción ayudado por la señorita Wang. La trama del libro que escribe transcurre, justamente, en 2046, año en el que Hong Kong será recuperado políticamente por China, aunque ese límite, como lo fueron los disturbios populares en los '60, son sólo «ruidos» coyunturales de una historia cuyo único espacio privilegiado son los cuartos baratos de hotel, aquellas
« chambres louées» a las que le cantó Edith Piaf.

De ese futuro, diseñado digitalmente y con mujeres androides (una de ellas es la misma Wang), la gente no vuelve; sólo él logra hacerlo, pero para enclaustrarse en la habitación 2046 del ruinoso hotel, la mismade sus antiguos encuentros clandestinos con Su Li. En ese futuro, la gente recupera definitivamente sus recuerdos; ese futuro, por último (y otra vez con ecos borgianos), no es otra cosa que el pasado.

Kar-wai,
junto con su equipo de tres directores de fotografía en el que sobresale el celebrado Christopher Doyle, ha replicado, perfeccionado si cabe, el asombroso diseño visual de «Con ánimo de amar». Creativamente, el film no sólo desborda en los aspectos antes referidos, sino también en su pasión por «citar» el cine con el que se siente hermanado: el de Lang, el de Resnais, el de Kubrick. También sus músicas: hay citas textuales de obras de Delarue para Truffaut, de Raben para Fassbinder y de Preisner para Kieslowski. «2046», finalmente, es una película que puede provocar muchos efectos sobre el espectador; inclusive, decepcionarlo.

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