4 de octubre 2002 - 00:00

Una película melancólica con excelentes actores

Una película melancólica con excelentes actores
«Las últimas órdenes» («Last Orders», G.Bretaña, 2001, habl. en inglés). Dir. y guión: F. Schepisi, sobre novela de Graham Swift. Int.: M. Caine, T. Courtenay, D. Hemmings, B. Hoskins, H. Mirren, R.Winstone.

D espués de unos cuantos años y algunos traspiés (su última película fue «Los enredos de Wanda II» compartiendo dirección con Robert Young en 1997) reaparece el director australiano Fred Schepisi con esta historia melancólica e indubitablemente inglesa. Si bien no es un dato sorprendente en un autor de filmografía ecléctica: «Plenty», «Un grito en la oscuridad», «La Casa Rusia», para citar sólo algunas de sus obras más conocidas, sí llama la atención la verosimilitud de este relato.
 
Basándose en una novela de
Graham Swift sobre tres viejos amigos del Londres suburbano que, a la muerte del cuarto del grupo obedecen, la «última orden» de llevar sus cenizas al mar, Schepisi construye una película de estructura compleja, tiempos yuxtapuestos y puntos de vista diferentes, mediante flashbacks que van describiendo esas vidas entrelazadas desde la juventud.

En el viaje que comparten con el hijo del muerto, entre risas, recuerdos y frecuentes paradas en pubs y monumentos, cada uno tiene la oportunidad de examinar su propia vida, desempolvar secretos negados a sí mismos y ocultados a los demás, hacer balances y tomar decisiones aplazadas. A fin de cuentas, la muerte es algo muy real que va con ellos en una pequeña urna disimulada en una bolsa de café. En ese coche, para nada fúnebre, debería ir también la viuda, otro personaje fundamental, pero ella decide faltar a la ceremonia porque tiene otra cosa importante que atender.

Como corresponde a una película inglesa, «Las últimas órdenes» es conmovedora sólo hasta agarrotar la garganta en ocasiones y «divertida» sólo hasta la sonrisa (mejor ni pensar qué hubiese hecho Hollywood con esta novela).

Lo mejor es el elenco: Michael Caine ( Jack, el muerto, carnicero, hijo de carnicero), Tom Courtenay (dueño de una funeraria), David Hemmings (boxeador frustrado, hoy verdulero), Helen Mirren (la viuda), vale decir lo más granado de la vieja guardia de actuación inglesa, a quienes se suman Bob Hoskins (el mejor amigo de Jack, burrero empedernido) y Ray Winstone (el hijo, vendedor de autos a contrapelo del legado del difunto).

Todos son actores notables, aunque insertos en esta historia de duelo y despedida, los primeros dispararán algo especial en la memoria del espectador maduro -el público casi excluyente del filmy cinéfilos en general. Al verlos en estos personajes, resulta imposible no recordarlos jóvenes, por ejemplo al Courtenay de «Dr. Zhivago» o al Hemmings de «Blow up» de Michelangelo Antonioni. Al respecto, cabe apuntar que la credibilidad flaquea en la parte en que se intenta mostrarlos cuarentones. Tal vez hubiera sido preferible envejecer un poco a los actores que los encarnan de jóvenes que rejuvenecerlos a ellos. El placer de su presencia en pantalla compensa ése detalle y otros, como el de la extensión del film.

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