6 de diciembre 2004 - 00:00

Una reacción que no puede sorprender

En el Centro Cultural Recoleta nadie se puede hacer el distraído. Sabían muy bien que las imágenes de Ferrari iban a molestar a la Iglesia y, a la vez, atraer una cantidad récord de visitantes. Ya tenían un antecedente cuando debieron descolgar, hace un tiempo, la imagen de la religiosa pecadora de «Toscani al muro» por sugerencias de un funcionario que ahora ocupa un cargo crucial en una fundación española.

La actitud de los católicos violentos que en estos días rompieron algunas obras de Ferrari, o que cuatro años atrás manifestaron ante la muestra de Ferrari en el Centro de Cooperación Iberoamericana con gases, basura y bombitas de mal olor, es muy diferente de la respestuosa y civilizada respuesta del párroco Rómulo Puggari, de la Iglesia del Pilar, quien al enterarse del proyecto, fue a explicarle a Nora Hochbaum, directora del Recoleta, el dolor que provocaba esta muestra en vísperas del día de la Virgen y la Navidad.

Tampoco es comparable la actitud de los creyentes que orarán mañana, por pedido del arzobispo Bergoglio, con la de aquellos violentos. No por casualidad otros espacios no se entusiasmaron, en estos días, con organizar una muestra como la del Recoleta, considerando que el momento no era el más oportuno.

Contra la actual muestra de Ferrari también hubo algunas denuncias penales, entre ellas la que radicaron los ciudadanos Alejandro Jorge, Gregorio Carreras, Diego García Chaufén, Nicolás Gallo y Juan Carlos Rivara contra el Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, el Secretario de Cultura Gustavo López.

Durante el vernissage de Ferrari se comentó que apenas se menciona la palabra «censura», o la posibilidad de que ocurra, la convocatoria está asegurada. Y así se está verificando con la asistencia récord a esta muestra. Los operadores culturales del Recoleta comentaron que desde la época de Teresa Anchorena no habían vuelto a ver la marea de público que acompaña a Ferrari.

En 1965, cuando «La Civilización Occidental y Cristiana» fue censurada por Jorge Romero Brest, director del Di Tella, el Instituto estaba financiado por la Fundación Rockefeller. Es conocida la historia de que el Di Tella se cerró en 1969 cuando la Fundación deja de aportar fondos y los artistas comenzaron a cuestionar el origen del dinero. La muestra «Cantos Paralelos» del Museo Blanton de Texas, donde en 1999 se exhibió la misma obra de Ferrari, estaba también financiada por la Fundación Rockefeller.

Entre las pinturas de
Ferrari que irritan a los creyentes figura «El juicio final», una imagen de la obra original de Miguel Angel, a la que agregó un «collage» con excremento de gallinas.

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