3 de febrero 2003 - 00:00

Una semana decisiva para el mural de la discordia

Una semana decisiva para el mural de la discordia
La novelesca historia de «Ejercicio Plástico», el mural que en 1933 David Alfaro Siqueiros pintó en la quinta «Los Granados» de Natalio Botana y que desde hace 11 años se encuentra fragmentado y trabado por la justicia dentro de cuatro containers en una playa de grúas de San Justo, reúne desde su origen todos los ingredientes de un best seller: amores clandestinos, intrigas, agresiones de todo tipo, talento artístico a raudales, afanes revolucionarios, intereses financieros y una batalla legal que hasta hoy mantiene sin tregua el suspenso.

A esta historia singular, cuando el 4 de enero Eduardo Duhalde vetó su nominación como bien patrimonial declarada por el Congreso, se sumó la influencia del poder político. Y en estos días se agregó la performance con características de espectáculo para acceder al mural, protagonizada por los funcionarios de la Secretaría de Cultura nacional, la Comisión de Museos y Monumentos, la Academia de las Artes, el Banco Ciudad y la Embajada de México, que escoltados por restauradores y peritos, convocaran policías y bomberos, violentaron cerraduras y escalaron muros de propiedad ajena custodiados por mastines.

Nadie duda que se debe preservar el mural pero cabe cuestionar: ¿era necesario tal despliegue de fuerzas para constatar el estado en que se encuentra la obra? El secretario de Cultura, Rubén Stella, responde: «Yo no manejo ese tema, me pongo a disposición de los abogados que manejan la cuestión y el procedimiento». La directora de Cooperación Internacional, Teresa Anchorena, afirma que «se pidieron las llaves y se notificó a Dencanor la fecha de la pericia, la carta documento se envió y consta en el expediente».

Pero en esta seguidilla de desencuentros, la abogada Mirta Barruti de la firma Dencanor, asegura: «No necesitaban usar la violencia, podían haber pe-dido las llaves por orden judicial. Me enteré por los diarios de lo que pasó, porque ni al estudio ni a Dencanor notificaron sobre la pericia». La letrada aclara además que desde hace años la intención de su cliente es exponer la obra al público, «si se respetan sus derechos de propietario».

Detalla con documentos a la vista que en 1992 la firma Seville que luego vendió el mural a Dencanor suscribió un convenio de exhibición con el Estado, que en el 2001 su cliente ofreció al ex presidente De la Rúa mostrar el mural y le propuso a Eduardo Costantini que lo albergara en el MALBA, pero que el gobierno no respondió y, finalmente, que el pasado octubre le ofreció al secretario de Cultura, Rubén Stella, suscribir de común acuerdo un nuevo convenio de exhibición.

¿Por qué Stella, en vez de participar de esa aventura en San Justo, no se pone de acuerdo con Dencanor? «No tengo presente la carta, porque la hubiera tomado en cuenta», responde. En el despacho de Anchorena cuentan que tienen un canasto lleno de cartas documento de Barruti.

Sin bien en los escritos del voluminoso expediente judicial consta la decisión de exhibir la obra, la abogada tiene sus reservas: señala que llegar a un acuerdo para exponer la obra es una cosa, pero otra y muy diferente, que «el Estado disponga de bienes ajenos sin la autorización de sus propietarios y sin expropiarlos». No está de acuerdo con
Stella, que llegó a considerar el mural como un «bien común» y a decir que «la exhibición será libre y gratuita», y tampoco coincide con la embajadora de México -país que ofrece restaurarlo sin costo alguno por tratarse de una pieza clave de su patrimonio-, quien manifestó «trabajamos con Gobiernos, no con particulares».

• Costantini

Entretanto a Eduardo Costantini, dueño del MALBA, lo seduce la idea de que el mural se traslade en calidad de préstamo a su museo. Claro, se trata de una obra clave de la vanguardia latinoamericana, que entronca con el período que abarca la colección a la que dedicó varios millones de dólares y un museo que hasta hoy, es en su género el más importante del mundo.

Curtido por la terrible batalla que debió librar con los legisladores porteños y vecinos para abrir el MALBA,
Costantini dice con soltura: «No entiendo cómo no logran ponerse de acuerdo entre las partes para salvar una obra que está maltratada». Y añade: «Mientras no se resuelva el litigio, el MALBA sería el mejor depositario para preservar el mural en condiciones ideales de temperatura, humedad y seguridad, de acuerdo a las exigencias técnicas que requiera. El edificio tiene condiciones que ningún otro en el país puede ofrecer para exhibir públicamente la obra, y los dueños, si quieren, la podrían ver todos los días hasta que se resuelva el juicio. Mi oferta no puede ser más transparente».

Sobre la demora de la justicia, que retiene desde hace 11 años el mural al aire libre, en condiciones que ninguna pintura del mundo es capaz de soportar, y que podría autorizar el «traslado y acondicionamiento» del mural a un sitio menos favorable para la preservación que el MALBA,
Costantini sugiere: «Acaso los involucrados en el juicio deberían acusar a los responsables del deterioro».

Esta semana, los expertos que evalúan el estado de
«Ejercicio Plástico», presentarán sus informes. La tasadora del Banco Ciudad, Cristina Alonso, recuerda que hace algo más de una década la institución estimó el valor de la obra en 1,5 millón de dólares y que cuando la pintura se encontraba en el sótano la humedad ya la había afectado. Alonso no evaluó todavía la cifra, pero adelanta: «Existen problemas de conservación y humedad, hay corrosión en los hierros, la obra no es la misma que 11 años atrás. Los containers están oxidados y el deterioro influye en la tasación».

Consultada sobre la influencia que podrían tener en la valoración del mural los numerosos textos que teóricos del arte como
Mario de Micheli, Mari Carmen Ramírez y Olivier Debroise le han dedicado, considerando que es una pieza cumbre del muralismo, pero además generadora de la vanguardia latinoamericana, responde que va a estudiar este aspecto. En México aseguran que habrían llegado a ofrecer 3 millones de dólares, pero que la oferta fue rechazada. Arte público por excelencia y casi ajeno al mercado, el muralismo ostenta el récord de una obra de Rufino Tamayo, vendida en «Christie's» por 2,5 millones de dólares.

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