20 de febrero 2004 - 00:00

Une una muestra a varias generaciones de artistas

E n el Pabellón de las Artes de la UCA se exhibe «29 Pintores y Escultores». Es un panorama de importantes artistas consagrados de nuestra plástica con obras pertenecientes a colecciones privadas siguiendo la tónica de muestras precedentes y comentadas en esta columna, como «Arte Sacro», «Autorretratos y Retratos», «Paisaje Urbano». Esculturas, pinturas, dibujos y grabados de carácter figurativo que reúnen a varias generaciones, desde aquellos nacidos a fines del siglo XIX hasta los de mitad del siglo XX.

El conjunto escultórico es de primer nivel con obras de José Fioravanti (1906-1975), Agustín Riganelli (1890-1999), Rogelio Irurtia (1879-1950), nombres clave del clasicismo argentino así como las de Lucio Fontana (1890-1949) que aunque no se consignan sus fechas, suponemos realizadas en su segundo período argentino, entre 1939 y 1946. Ciudadano de dos mundos, este artista rosarino, fue un importante ejemplo del aporte de la cultura italiana en nuestro país que enunciará su poética en los «Manifiestos Futuristas» de 1909 y 1910. Inspirador del Manifiesto Blanco de 1946, postula su actitud antiestética, su ruptura con la pintura clásica de caballete y su intención de superar los límites asignados a la obra de arte.

De Santiago Cogorno (1915-2001), artista polifacético se destacan sus potentes tallas en madera así como un enérgico y arrollador óleo «Naturaleza muerta con flores». El bronce «La Mujer» (1961/64), es de la época en la que Líbero Badii (1916-2001) combina el modelado y las formas concretas geométricas en un armazón de planos y en la que había eliminado toda representación naturalista.

De Juan de Dios Mena (1897-1954) que realizó una gran obra de imaginería popular imposible de imitar se destacan «Silencio» y «Armónica». «Caballo pastando» (1981) pertenece al maestro Aurelio Macchi (1916). En esta obra el artista logró la máxima tensión en el cuerpo del animal sin caer en el naturalismo.

En cuanto a las pinturas, hay una « Naturaleza Muerta» (1950) de Juan Batlle Planas, decididamente abstracta, alejada de sus «Radiografías Paranoicas» o «El Mensaje» o «Noicas», de cuño surrealista aunque el crítico Aldo Pellegrini no lo incluye entre sus representantes en la Argentina.

«Caras»
(1968) de Rómulo Macció (1931), refleja la carga emocional que caracteriza la obra total de este gran artista, no importa el período o tema y que, last but not least, resiste el paso de más de 30 años. Ricardo Laham (1940), casi no expone, toda una rareza en estos tiempos. Vale la pena detenerse frente a «Escena de calle X» (1999), obra que no le teme a lo latinoamericano. Como siempre , muy potentes las obras de Jorge Demirjian (1932) y Miguel A. Bengoechea (1945).

Se incluyeron grabados de Pompeyo Audivert (1900-1977), Aída Carballo (1916-1985) y Lucrecia Orloff (1944) , reciente ganadora del Gran Premio Adquisición de Grabado del Salón Nacional de Artes Visuales 2003. Muy seleccionadas las obras de grandes maestros fallecidos: Horacio Butler, Miguel Diomede, Raúl Soldi, Raúl Russo, Marcos Tiglio, Miguel Carlos Victorica, Xul Solar.

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