6 de junio 2005 - 00:00

Valió volver a una ópera poco frecuente

Muy buenaversión de«DerFreischütz»estrenóBuenos AiresLírica en elTeatroAvenida. ElColón larepresentópor últimavez en 1969.
Muy buena versión de «Der Freischütz» estrenó Buenos Aires Lírica en el Teatro Avenida. El Colón la representó por última vez en 1969.
«Der Freischütz». Opera en tres actos. Mús.: C. M. von Weber. Lib.: F. Kind. Dir. Mús.: G. Brizzio. Régie: D. Helfgot. Esc.: G. Joubert. Vest.: M. C. Beitía. Dir. Coro : J. Casasbellas. Coro Bs. As. Lírica y orquesta. (Teatro Avenida. Nuevas funciones: 10 y 12/6.)

El segundo título de la temporada de Buenos Aires Lírica hace justicia con una obra largamente postergada en las carteleras porteñas, «Der Freischutz» («El cazador furtivo»), una ópera de Carl Maria von Weber, que se ofreció por última vez en 1969, en el Teatro Colón.

El clima lóbrego del libreto de Friedrich Kind, basado en el «Libro de fantasmas» de Apel y Laun, acompaña la historia de amor de Agathe y Max, dos jóvenes aldeanos de los bosques de Bohemia de mediados del siglo XVII, para la que Von Weber compuso una hermosa partitura vocal e instrumental con momentos dialogados en el mejor estilo del «Singspiel», que traduce a través de la sonoridad orquestal el colorido de las forestas con sus misterios y acechanzas, tan del gusto de la cultura popular alemana.

Filosófica y éticamente correcta, la narración de «Der Freischütz» introduce en un universo regido por leyes naturales y creencias masivas en interrelación dialéctica. El bien y el mal enfrentados dan como resultado el triunfo de la verdad y la honestidad, como valores universales.

La bella producción visual con escenografía de Joubert y vestuario de Beitía tienen en la régie de Daniel Helfgot a un hábil organizador del espacio escénico (reducido en ocasiones), poblado de personajes de dinámica ágil y nerviosa. El buen dirigido con precisión por Juan Casasbellas, está formado por gente joven que demuestra ímpetu y hasta disposición para el baile como ocurre en la escena popular del primer acto en la taberna. Dentro de una concepción tradicional, Helfgot caracterizó al demonio Samuel como una suerte de personaje de cabaret, el único elemento extemporáneo dentro de una narración de signo clásico.

Guillermo Brizzio
en la conducción musical del espectáculo hace rendir en los instrumentistas y cuida a los cantantes en todo momento logrando de éstos una actuación acorde a la impecable lectura de la partitura. El elenco ideal para esta ópera sería el integrado por cantantes alemanes, pero en la Argentina de hoy debemos conformarnos con lo que hay en casa. Lo mejor es la soprano Carla Filipcic Holm, en una «Agathe» de gran volumen y exquisito fraseo. El tenor Enrique Folger lucha con una tesitura que supera sus actuales posibilidades. Así y todo, rinde mejor en los últimos tramos de la ópera. Muy bien los bajos Ariel Cazes y Walter Schwartz, buen actor Marcelo Lombardero como el maligno Caspar, es fresca la interpretación de Gisela Barok y correcto el resto. Mención especial para las luces de Juan Inclán que alcanzan su climax en la muy lograda escena de la Garganta del Lobo, lo mejor de la producción, donde se sintetiza la esencia de esta ópera.

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