28 de noviembre 2013 - 00:13

Verdi tras las máscaras de la Fura dels Baus

Fabián Veloz y Virginia Tola integrarán el primer elenco de “Un ballo in maschera”, de Giuseppe Verdi según la Fura dels Baus, donde los cantantes -literalmente- deberán actuar enmascarados durante casi la totalidad de la ópera.
Fabián Veloz y Virginia Tola integrarán el primer elenco de “Un ballo in maschera”, de Giuseppe Verdi según la Fura dels Baus, donde los cantantes -literalmente- deberán actuar enmascarados durante casi la totalidad de la ópera.
culminación de la temporada y también del año Verdi, el Teatro Colón ofrecerá desde este domingo "Un ballo in maschera", la ópera con libreto de Antonio Somma y música del compositor italiano. Con una puesta de Alex Ollé (La Fura dels Baus), la coproducción entre la Ópera de Sidney, La Monnaie de Bruselas, la Ópera de Oslo y el Colón estará dirigida por Ira Levin y contará con dos elencos: uno (a cargo de las funciones del 1,3, 5 y 7 de diciembre) encabezado por Guiseppe Gipali, Fabián Veloz, Virginia Tola, Susanna Andersson, Elizabetta Fiorillo, Lucas Debevec-Mayer y Fernando Radó, y otro (4 y 6) liderado por Marcelo Puente, Douglas Hahn, Iano Tamar, Marisú Pavón, Alejandra Malvino y Emiliano Bulacios. Dialogamos con los argentinos Virginia Tola y Fabián Veloz:

Periodista: ¿Cómo les resultó el trabajo en el marco de esta producción?

Virginia Tola: Como ya verán es una producción distinta. El concepto escénico es muy bueno, sólo que algunas veces plantea dificultades para nosotros, como las máscaras. Hay que tomar conciencia, relajarse un poco y dejar que fluya. Es un obstáculo que tenemos que sortear. Es buena la idea de que estemos todos enajenados, y que nadie tenga una identidad determinada, que seamos sólo un número. La parte que más me gusta de la máscara es el "duetto" con el tenor, cuando ella se saca la máscara y le dice "Te amo", y es como si se desnudara, es muy lindo interactuarlo con el tenor.

Fabián Veloz: La estética es muy lograda. Al principio costó entender cómo iba a ser el tema de las máscaras.

P.: Que por lo visto usarán todo el tiempo.

F.V.: Exactamente, pero como una máscara de esgrima, que hace que la resonancia que uno tiene habitualmente se vea un poquito apagada. En la escena del baile habrá una sobre-máscara. La gente de la puesta estuvo a disposición para rehacer un poco el tema de las máscaras y trabajar con cada uno de nosotros de acuerdo con las necesidades. En mi caso es la primera vez que interpreto este papel.

P.: ¿De qué manera transcurrió para ambos este año verdiano?

V.T.:
Yo me descubrí haciendo más Verdi que nunca. Debuté tres grandes papeles de Verdi, y me vino muy bien porque cambié el repertorio, estoy abordando más papeles de soprano dramática, y todo de la mano de Verdi, que si uno quiere es también un belcantista, no fue que me volqué directamente al verismo. El año Verdi fue una bendición y me ayudó a sacar otra voz que tenía dentro, siempre bajo la guía de mi maestra, Raina Kabaivanska, con la que es un milagro estudiar.

F.V.: Para mí fue un año muy importante, y creo que el punto máximo va a ser este "Ballo", sin dejar atrás la experiencia de haber compartido escenario con José Cura en "Otello", aquí mismo. Se sumó este "Nabucco" que vengo de hacer en Trieste, y ahora lo cerramos de la mejor manera.

P.: El poeta Gabriele D'Annunzio afirmaba que Verdi "lloró y amó" por todos. ¿Qué pensamientos les despierta esa frase? ¿De qué modo perciben en el nivel simbólico la figura de Verdi?

F.V.
: Es indudablemente un genio. Uno va descubriendo a los personajes en la medida en que los va cantando. Para mí ya no es lo mismo el "Nabucco" que debuté en Croacia hace dos años que el que hice ahora. Tal vez a uno le lleve toda una vida comprender a un personaje y tal vez nunca termine de hacerlo, llegar al punto final, si es que lo hay, de lo que Verdi quiso decir. Una partitura verdiana siempre es un desafío. Cuando empecé a cantar me decían "Vos vas a ser un barítono verdiano", y yo no sabía de qué me estaban hablando, no sabía cómo iba a hacer para cantar eso. Uno descubre luego que lo que está escrito es más fácil de lo que se había idealizado, pero también que conlleva muchas cosas que están adentro. Para mí es una bendición cantar Verdi.

V.T.: Yo conocí a Verdi más en profundidad desde que vivo en Parma, que es la tierra de Verdi. No lo veo tan idealizado como en esas palabras, que por otro lado son totalmente justas. Lo relaciono con el pueblo, con lo más natural de la vida, con el compromiso espiritual y político con su pueblo. Está en casi todas las óperas el tema de la magia, siempre está presente la figura del padre, de la patria, y ese Verdi lo descubrí viviendo en esa tierra. La imagen que tengo es de Verdi con el "culatello" (nota: fiambre típico de Parma) y el "lambrusco", un espumante que se bebe ahí, el "prosciutto" y el "formaggio". Te dicen "Verdi componía con el culatello en la mano", y de hecho vi en los manuscritos manchas de grasa. No puedo dar un concepto muy poético: al vivir ahí lo veo como un personaje de Parma. Verdi es Italia. Eso me permitió también bajar las óperas de la expectativa que me generaban, me parecían algo imposible, pero al conocer más esa parte humana pude abordar las óperas más desde la palabra.

P.: ¿Qué pasa cuando un cantante estudió su papel en soledad, llega al encuentro del director de escena con una idea formada y éste le presenta algo completamente distinto? ¿Cómo se maneja esa circunstancia?

V.T.:
Yo lo vivo como un desafío. Si es una idea loca pero que tiene sentido, me maravillo y me entusiasmo, pero si es una idea loca que no tiene nada que ver con la ópera, empieza la guerra, porque no estoy de acuerdo en cambiar los sentimientos primarios de la ópera. Que cambie la época, la escenografía, no es problema, pero no estoy de acuerdo en cambiar los sentimientos y dar vuelta las palabras para lograr lo que el regista quiere.

F.V.: Yo aquí discutí sobre la primera de las arias de mi personaje, que creo que es un aria de una gran nobleza, y el director quería que fuera una protesta hacia el personaje del tenor. Llegamos a un punto medio entre ambas concepciones. En la mayoría de los casos hay que conciliar, salvo que se trate de una idea totalmente alocada.

V.T.: Como por ejemplo que Renato forma pareja con el tenor, como se viene haciendo en muchas puestas de distintas óperas. Uno no tiene nada contra los homosexuales, pero si la ópera no es así, ¿cómo se va a plasmar esa idea?

F.V.: Cuando las cosas se van del libreto ya resultan raras. Hay un montón de otras cosas que uno también pone en juego y que tienen su peso.
Entrevista de Margarita Pollini

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