"Vida salvaje"

Espectáculos

«Vida salvaje» («The Wild», EE.UU., 2006; dobl. al español). Dir.: Steve «Spaz» Williams. Guión: Ed Decter, Mark Gibson. Film de animación digital.

"Vida salvaje" es «Madagascar» con la premisa de «Buscando a Nemo», pero sin la gracia de ninguno de sus modelos, y encima con el pesado lastre Disney de la moraleja añadida (en este caso, de lo poco que podemos hacer en esta vida si nos falta coraje).

La animación digital de este nuevo producto-Disney representa un escalón más en el desarrollo de los asombrosos efectos visuales contemporáneos, aunque, evidentemente, los libros, las ideas originales y, sobre todo, la simpatía que puedan despertar los personajes, no se logran a fuerza de diseño de computación. Ni el león (tan lejos del Alex de «Madagascar»), ni la serpiente ni la jirafa protagonistas son personajes queribles; si alguno gana, aunque no por demasiado, es el koala, a quien también le corresponde, sobre el final, el giro más inspirado del guión (ligeramente similar a lo que ocurría en «Los dioses deben estar locos»).

«Vida salvaje», de esta forma, parte de la vida de un grupo de animales en el Zoo de NuevaYork (no en el del Central Park, como en «Madagascar», sino en el del Bronx: hay que diferenciarse de «Dreamworks» desde luego), que se escapan de sus jaulas para lanzarse a la aventura: primero por la Gran Manzana, Times Square, etc. y después hasta Africa. Esta vez, sin embargo, el viaje no es de exploración y baile, sino humanitario: el león descubre tardíamente que su hijo, por razones que no vienen al caso, se escondió en un container destinado al continente negro. Y allá va, como en «Nemo», al rescate del pequeño extraviado, acompañado por los otros animalitos, en un derrotero que tropieza primero con cocodrilos refugiados en los subterráneos cloacales, pero sobre todo con problemas psicológicos. Es raro ver al rey de la selva atemorizarse ante perros callejeros, por más neoyorquinos que sean, pero todo tiene su explicación, Freud y Disney mediantes.

La segunda parte del film, con una pizca de Indiana Jones, señala a los antílopes como la especie villana, la que pone en amenaza la paz universal de la animalidad. Y encima son fundamentalistas y religiosos. Los antílopes vienen a ser los árabes de la película, sin que se sepan muy bien las razones de esa elección.

Los más chicos no la pasarán mal y, aunque «Vida salvaje» es un film sin humor, se divertirán moderadamente en algunos pasajes, aunque también pueden llegar a angustiarse un poco en otros (el desenlace, en esa cueva de antílopes, resulta algo violenta para los de menor edad).

M.Z.

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