22 de septiembre 2005 - 00:00

"Vidas cruzadas" se destaca entre los estrenos de hoy

Primero la humillación y luego el rescate: Matt Dillon y Thandie Newton en «Vidas cruzadas», de Paul Higgis.
Primero la humillación y luego el rescate: Matt Dillon y Thandie Newton en «Vidas cruzadas», de Paul Higgis.
«Vidas cruzadas» («Crash», 2004; habl. en inglés). Dir.: P. Haggis.Int.: M. Dillon, D. Cheadle,S. Bullock, B. Fraser, T. Newton, R. Phillippe y otros.

"Vidas cruzadas" es una de aquellas películas «corales», subgénero de cierto Hollywood más o menos independiente que dio lugar a títulos como «Corazones apasionados», «Magnolia» o «Ciudad de ángeles». Molde superador del viejo «film à sketches» (sus personajes, aunque en historias diferentes, suelen estar casi siempre relacionados entre sí), reconoce además un parentesco muy estrecho con la estructura de las miniseries de TV: microdramas de vida propia, con ambiente y genealogía común.

El film que se estrena hoy tiene guión y dirección de Paul Higgis, un hombre de televisión que, hace poco, contribuyó relevantemente con el cine al firmar el libreto de «Million Dollar Baby». «Vidas cruzadas» es un producto que no carece de solidez, sobre todo en su planteo y desarrollo. La meta de Higgis es poner a la lupa la insalvable hipocresía en la vida cotidiana de una sociedad polirracial, y en especial la violencia latente o explícita que rige una ciudad tan compleja como la de Los Angeles, escenario privilegiado cuando se aborda un tema como éste.

Así, «Vidas cruzadas» es un fabulario de situaciones extremas, en muchos casos interesantemente trabajadas en lo dramático, aunque en otros con recaídas en ciertas sensiblerías y dudosas poetizaciones. No hay personajes protagónicos: todos ellos, aunque estén interpretados por estrellas como Sandra Bullock o Brendan Fraser, tienen igual preponderancia que los encarnados por actores poco conocidos, como subrayando el fin de dirigir la mirada únicamente a esa caldera de tensiones, odios y recelos que siempre parece a punto de explotar. El vasto oficio de Higgis le permite trazar, con coherencia, una misma línea de atención a lo largo de las contrastantes escenas del film.

Algunas de ellas son las de dos jóvenes negros que salen de un restaurant quejándose por el servicio, y luego asaltan al fiscal de distrito y su esposa (Fraser y Bullock) y le roban la 4x4; éste último, que ante elecciones próximas busca contratar más personal negro, intenta cubrir el incidente mientras su esposa, en casa, se desquita con la mucama y el cerrajero hispanos. A su vez, el cerrajero que choca con un almacenero iraní paranoico (a quien confunde con árabe), y que terminará convirtiéndose en un loco peligroso después de que lo asalten. Relevancia tiene también la historia del director de TV negro, que soporta lo que sea en su trabajo, o en la calle (hasta que un policía blanco manosee a su esposa), para conservar el lugar que logró. Si a los personajes de «Magnolia» los terminaba cubriendo una lluvia de sapos, literal, la precipitación final en «Vidas cruzadas» no es fantástica aunque sí atípica: es allí donde adviene una cierta pacificación que, en el mejor de los casos, debería entenderse como un cierre burlón.

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