«Vivamos otra vez» («C'est quoi la vie?», Francia, 1999, habl. en francés). Guión y dir.: F. Dupeyron. Int.: E. Caravaca, J. Dufilho, I. Renauld, J.P. Darroussin, M. Goddet, C. Mavros.
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A unque siempre alguno protesta contra el modo en que las distribuidoras de cine suelen rebautizar sus películas, esta vez hay que apreciar el cambio. El original «C'est quoi la vie?» sugiere inquietudes filosofales probablemente pesimistas, sobre todo teniendo en cuenta la primera parte del film, donde se pintan la dureza de la vida campesina, el drama de la peste que obliga a matar ganados enteros, la quiebra consecuente, el suicidio del padre, la disgregación... Claro, si en tales circunstancias uno se pregunta qué es la vida, también va a tener ganas de suicidarse, o de ver otra película.
Acá le pusieron «Vivamos otra vez». Es un título ganchero, sospechoso, pero de ninguna manera es traicionero. Por el contrario, responde plenamente al espíritu de la segunda parte, donde, incluso con toques de comedia sentimental y bellísimo paisaje, el protagonista logrará reencauzar felizmente no sólo su vida, sino también la de su entera familia, y la de una mujer vecina, muy atractiva, que le abre nuevos horizontes.
Coherentemente, casi toda la primera parte transcurre en una zona de llanuras fotografiada con tono documentalista, muchas veces oscuro, como para remarcar el chato y dramático presente de los personajes. En cambio, la segunda parte se desarrolla en bucólica zona de colinas arboladas, y la fotografía adquiere un tono luminoso, preciosista, ya que está evocando el pasado idílico (la familia ha vuelto a la vieja cabaña de los inicios), y espera con buen ánimo un futuro que también puede ser luminoso. Para lo cual, eso sí, nuestros personajes deberán pasar bien el desafío del invierno...
Nada es fácil, y la pregunta sigue siendo la misma. Pero cada mañana, el viejo de la familia, con los pies en la tierra, elevará sus ojos al sol, y le dará los buenos días.
El viejo es Jardel Dufilho, el de «La fortuna de vivir». El director es Francois Dupeyron, un veterano que resulta agradable conocer.
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