Carla Filipcic Holm y Carlos Ullán lideran el sólo discreto
elenco de la reposición de «La clemenza di Tito», una puesta
muy celebrada hace tres años que hoy perdió sorpresa y calidad.
«La clemenza di Tito». Opera en dos actos. Lib.: C. Mazzolá. Mús.: W.A. Mozart. Dir. mus.: L. Gorelik. Régie: M. Lombardero. Repos.: R. Cosentino. Esc.: D. Feijóo. Vest.: L. Gutman. Ilum.:H. Efrón. Clave: M. de Olaso. Dir. coro: J. Casasbellas. Coro y Orq. Bs. As. Lírica. (Teatro Avenida; repite: 23/9).
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La Asociación Buenos Aires Lírica se unió a la celebración de los 250 años del nacimiento de Mozart con la reposición «La clemenza di Tito». Esta producción había integrado su repertorio inaugural (en 2003) y había conseguido justificado éxito no sólo por la realización escénica de Marcelo Lombardero, que aparecía como una respuesta bastante audaz a las adocenadas puestas mozartianas casi siempre ajustadas a un registro tradicional, sino también por su «cast» realmente brillante de cantantes y su director musical.
A tres años de aquel éxito, las cosas se ven de otra manera. Hay razones temporales: lo que se mostraba como iconoclasta y revolucionario hoy ya no lo parece tanto. También las hay musicales: el elenco no es tan brillante como en 2003 y cantantes y director parecen menos eficaces para llevar adelante las exigentes secuencias del «Tito» mozartiano.
Aún así vale el esfuerzo de haber repuesto una ópera de gran impacto, que basada en un drama de Pietro Metastasio y con libreto de Mazzolá, es una parábola sobre el poder y las intrigas y especulaciones políticas relacionados con él. El personaje central es Tito Vespasiano y la acción gira alrededor de su figura paradigmática en la Roma del año 79 de la era cristiana. La belleza musical concretada en arias y conjuntos diversos es ejemplo claro de la altura creativa a que había arribado el genio de Mozart en el último año de su vida. La régie de Lombardero, ahora repuesta por Rita Cosentino, sigue siendo una mirada curiosa a la época en que transcurre la acción dramática. Con una ambientación que recuerda algo del cine de Bertolucci (sobre todo «El conformista») como consecuencia de un « aggiornamento» imaginado por Feijóo escenografía, Gutman (vestuario) y Efrón (luces).
El coro con Casasbellas canta muy bien, como siempre. La orquesta se oye alejada de la dinámica y del estilo mozartiano y el elenco resulta discreto, aun con la participación de Carla Filipcic Holm (una Vitellia de categoría vocal) y de Carlos Ullán (Tito), en un plausible esfuerzo por caracterizar su difícil rol con dramatismo y su musicalidad habitual.
La celebración mozartiana merecía un esfuerzo mayor pero de todas formas vale la intención.
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