12 de marzo 2002 - 00:00

Waters hizo vibrar a Vélez

Roger Water
Roger Water
«In the Flesh World Tour 2002". Actuación de Roger Waters (voz, bajo, guitarra). Con A. Fairweather Low, S. White,
C. Kamen y otros. (Estadio Vélez, 7 de marzo).


Roger Waters tocó en Vélez antes más de 35.000 personas en un concierto que empezó casi puntualmente, cuando mucha gente todavía no había podido ingresar al estadio. Hizo dos largos sets -con una lista de 26 canciones-separados por un intervalo, lo que llevó el espectáculo a más de tres horas de duración. La fiesta fue completa para el público. Su show forma parte de una larga e intensa gira que comenzó el mes pasado en Sudáfrica y que concluirá en junio en el Wembley Arena de Londres.

Ex integrante y co-fundador de Pink Floyd, este bajista inglés es uno de los nombres más importantes que ha dado el rock. Su enorme influencia y su capacidad creativa fueron fundamentales para la realización de discos fundamentales como «The Dark Side of The Moon» o «The Wall». Desde ese lugar ayudó a construir un movimiento, el del rock «sinfónico» o «progresivo», que marcó toda la década del '70.

•Respaldo

En Vélez, con el respaldo de una muy buena banda en la que sólo puede cuestionarse al baterista Graham Broad por algunos desajustes y por la debilidad de su mano izquierda, Waters volvió a ser aquel legendario artista que todos los que tienen más de 40 años tuvieron como formador de su gusto musical. Su recital fue contundente, lleno de clásicos de la era Pink Floyd, con un final dedicado a «Amnesty Internacional» con «Flickering Flame», con algunos temas de su etapa solista -«Amused To Death», «The Pros and Cons of Hitchhiking»- con un grupo integrado por grandes músicos y grandes cantantes en el que se luce su guitarrista Andy Fairweather Low, con un sonido cuadrafónico imponente, con una voz que le responde como en sus mejores tiempos, y con una puesta muy trabajada donde se mezclan luces, videos, fotos y algunos efectos especiales.

Y la emoción se despertó en un público, que prácticamente colmó el estadio, cuando llegaron temas como «Another brick in the Wall», «Mother», «Shine On You Crazy Diamond», «Wish You Were Here» o «Money».

Desde otro lugar, en cambio, puede llamar la atención que un músico que fue capaz de ser protagonista de la historia del arte del siglo XX haya decidido retornar tan ceñidamente a su propio pasado y presentar un show que tiene el espíritu de un volver a vivir y que aporta muy poco, o casi nada, a lo hecho por él mismo en épocas anteriores.

Al punto que recreó la estética plástica de los 70 y de
Floyd, evocó a su viejo compañero Syd Barret, hizo sonar los mismos arreglos, seleccionó mayoritariamente un repertorio anclado hace 30 años, y hasta su guitarrista se vio en la triste obligación de tocar imitando a David Gilmour.

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