Shorter, en plena creación: su base es partir de improvisaciones cercanas al free-jazz, y de allí la construcción melódica y armónica.
Actuación del Wayne Shorter Quartet. Con W.Shorter (saxos), Danilo Pérez (piano), John Patitucci (contrabajo) y Brian Blade (batería). Soporte: Javier Malosetti (bajo, guitarra), con Andrés Beewsaert (piano). (Teatro Gran Rex; 26 de octubre.)
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El saxofonista tenor y soprano Wayne Shorter ha sido uno de los protagonistas centrales de la escena jazzística durante los últimos 45 años. Seguramente, los momentos que forman parte de su historia más importante son los cinco años que pasó como parte del Art Blakey's Jazz Messengers, los seis que integró el segundo quinteto de Miles Davis, o su lugar como co-líder, junto a Joe Zawinul, del grupo de jazz-fusión Weather Report. Pero su currículum incluye además muchos proyectos solistas, el último de los cuales es este cuarteto con el que acaba de visitar una vez más nuestro país.
El Wayne Shorter Quartet lleva cinco años de trayectoria y la empatía entre estos cuatro grandes solistas se advierte sobradamente. Hay un «jefe» en el grupo que es, por supuesto, el saxofonista. Pero su lugar de líder está más en el planteo del concierto, en el estilo, que en papel saliente que pueda caberle como improvisador.
En esta etapa de su vida, Shorter parece haber regresado a sus tiempos con Davis. Y propone un jazz que trabaja en sentido inverso. Lo tradicional es que la melodía abra cada pieza y lleguen luego las improvisaciones. Aquí sucede lo contrario. Los distintos integrantes del conjunto, en órdenes que se van alternando, juegan en un estilo libre, emparentado con el «free», y desde esa «de-construcción» se van organizando las melodías y las armonías de cada tema.
Del mismo modo, no es fácil seguir el pulso o los ritmos; la velocidad puede aumentar o disminuir, los dibujos rítmicos van modificándose, los cambios sobre la marcha son habituales. Tampoco hay un orden preestablecido de piezas en el concierto; y ni siquiera son capaces de recordar qué tocaron una vez terminado.
Hubo títulos como «Over Shadow Hill Way», «Beyond The Sound Barrier», que da nombre al último disco del cuarteto, o, ya en los bises, «Joy Ryder». Es que no importa demasiado de qué temas se trate. Lo verdaderamente importante aquí, lo que convierte a esta formación en una de las más brillantes que existen en el jazz por estos tiempos, es la libertad con que se mueven estos cuatro músicos, todos con brillantes carreras solistas, en la complicidad que establecen en un lenguaje difícil de asir, en la búsqueda compartida de caminos alternativos, en la falta de convencionalismos, en el placer de tocar y en la exigencia que plantean a un público que no puede distraerse un minuto si pretende seguir su discurso.
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