La intransigencia maníaca del piloto colisiona con el pragmático discurso de la noble dama, pero la historia le da la razón al héroe: el « destructivo», que nada tiene que perder gracias a su bienestar económico personal (como le hacen notar algunos colegas con los que también se enemista), termina ganándole a todos a fuerza de obstinación. No hay retractación, no hay transigencia ni flexibilidad: la tragedia se produce, él estaba en lo cierto.
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