Xeito Novo empezó con el repertorio celta hace dos décadas, cuando no estaba de moda. Hoy conserva ese lugar de liderazgo.
«20 años con la música». Actuación de Xeito Novo. Con V. Alvarez (violín, composición), T. Ingiula (guitarra), C. Fernández (gaita, tin whistle, percusión, composición), D. Pazos (gaita, percusión, composición), R. Benech Arnold (bajo, guitarra), M. Fernández (flauta), L. Lamas (batería, percusión) y C. Alberdi ( teclado, acordeón). (La Revuelta, los viernes a las 22).
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El grupo Xeito Novo se armó hace ya 20 años para trabajar sobre una música que, por esa época, no tenía mucha representación profesional en nuestro país. Más cercanos a lo tradicional en sus comienzos, nunca abandonaron el proyecto de recrear el mundo celta -fundamentalmente, el gallego, pero también el escocés, el galés, el irlandés, el asturiano-; pero, con el tiempo, fueron sumando cada vez más temas propios e incrementando la presencia sonora de instrumentos modernos. Tienen cuatro álbumes editados -«XeitoNovo», «Galimérica», «Compustelae» y «Luz de invierno»- y un reconocimiento que los ubica entre los más interesantes dentro de estos repertorios que han crecido en audiencia y que se han instalado, con fuerza, en el panorama de la música porteña.
Lo que están haciendo en estos conciertos de La Revuelta, a manera de festejo por el 20º aniversario, es un repaso de distintas épocas de su historia. Hay entonces temas de todos los discos, composiciones anónimas y creaciones de los integrantes del grupo. Y en ese panorama celta conviven las gigas con los pasodobles, las jotas con las muñeiras, las mazurcas con los hornpipes. De todo esto resulta una música que no está exclusivamente destinada a los amantes más fieles o a los grandes conocedores de este repertorio.
Con un fuerte acento en lo rítmico -y con una presencia importante de la percusión en los arreglos-, se trata en general de danzas -sin texto-con formato de melodía acompañada que impulsan a cualquiera a mover los pies o a hacer palmas. El violín, las flautas y las gaitas se reparten el espacio melódico, y la guitarra, el bajo y los teclados completan el cuadro desde lo armónico. Y todo desde una solidez en los arreglos y una seriedad en las interpretaciones que los siguen poniendo en el podio del movimiento celta de nuestro país.
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