8 de diciembre 2006 - 00:00

Zeffirelli habló a los 83 de su amor con Visconti

FrancoZeffirelli, alos 83 años,dejó de ladoel pudor en lapublicaciónde su «Autobiografía».Confiesahaber sidoabusado ensu niñez porun cura, yhasta diceque una vezse le insinuóOnassis.
Franco Zeffirelli, a los 83 años, dejó de lado el pudor en la publicación de su «Autobiografía ». Confiesa haber sido abusado en su niñez por un cura, y hasta dice que una vez se le insinuó Onassis.
Roma (AFP y Especial) - A los 83 años, Franco Zeffirelli acaba de publicar su «Autobiografía», que carece del pudor con el que durante casi toda su vida resguardó su intimidad. En el libro, Zeffirelli menciona haber sido violado de niño por un sacerdote, habla extensamente de sus amores con su maestro, Luchino Visconti, y hasta señala que en una oportunidad se le insinuó sexualmente Aristoteles Onassis, celoso de su amistad de años con la entonces esposa del magnate, María Callas.

«Soy homosexual, pero no gay, una palabra que odio, que es ofensiva y obscena», escribió en el libro, en el que admite haber reconocido públicamente recién hace diez años su «diversidad». Católico, conservador, Zeffirelli nació en Florencia el 12 de febrero de 1923, hijo de «NN».

Llamado el «bastardito» por la esposa de su padre, un rico y seductor comerciante de telas que lo concibió con Adelaide Garosi, una costurera de éxito casada con un abogado, Zeffirelli tuvo una niñez difícil, tras perder la madre a los 6 años. Se crió entre mujeres, y una de sus niñeras, que era inglesa y se llamaba, fatalmente, Miss Mary, le infundió su amor por Shakesperare.

«Mi madre encabezó el funeral de su marido embarazada de otro: un escándalo terrible», escribió. «Como no podía darme el apellido del marido, ni de su amante, escogió el nombre del aria de Idomeneo de Mozart: Zeffiretti, que adoraba. Un error al trascribirlo en el registro lo transformó en Zeffirelli», cuenta.

Muchos años después, el padre lo reconoció y le dio su apellido, Corsi. Pero Zeffirelli era ya Zeffirelli, un nombre único, un icono. Rubio, ojos azules, mundano, el cineasta confía que fue acosado sexualmente de niño por un sacerdote. «Quedó satisfecho después de realizar su deseo escondido con el simple contacto de mi cuerpo... Después se precipitó al confesionario llorando de arrepentimiento», afirma en el libro.

Reconoce que uno de sus primeros amores fue un compañero de escuela, y que el primer orgasmo de su vida tiene fecha exacta: «el día de la muerte de Pirandello, en 1936».

Zeffirelli se explaya en sus memorias sobre su relación con Luchino Visconti, de quien siempre estuvo enamorado, con el que colaboró durante muchos años y que fue la persona que le abrió las puertas al éxito. «Con Visconti viví un amor interrumpido, roto, pero nunca apagado. Para mí, Luchino era el modelo de todo lo importante», sostiene, sin dejar de reconocer que esa relación lo atormentó siempre. Agrega que, en una oportunidad, Ana Magnani intentó persuadirlo para que se alejara de Visconti, a quien la intérprete de «Bellisima» consideraba «una víbora», aunque obviamente no le hizo caso.

Zeffirelli cuenta que, cuando convivía con Visconti, en una oportunidad asaltaron la casa del director de «El gatopardo» y que los ladrones se llevaron varios objetos de valor. Entonces, cuando Visconti concurrió a la policía, no sólo denunció a todo el personal de servicio como sospechoso sino también a él mismo. «Es una bofetada que todavía me duele», reconoce.

Después de haberse independizado como director de ópera a comienzos de la década de 1950, presentó una aclamada producción de «Romeo y Julieta» (1960), la obra de William Shakespeare, que fue la base de su tercera y famosa película.

Como realizador fue recibido por la reina de Inglaterra, varios pontífices, la familia Kennedy y cuenta entre sus amigos a Liz Taylor, Richard Burton, Laurence Oliver y Coco Chanel.

Desde luego, también recuerda su amor y admiración por María Callas, «la única mujer de la que estuve enamorado». «La conocí gorda, fea, con piernas gruesas. Un año más tarde, después de perder 30 kilos, era una mujer fascinante, cuya transformación marcó el mundo de la lírica. Ahora se habla de Antes de Callas y Después de Callas», escribe. Muchos años más tarde, en 2002, retomó su historia en el film «Callas Forever», protagonizada por Fanny Ardant en el papel de la soprano griega.

Su fama internacional sufrió varios reveses, sobre todo después del fracaso de « Hermano Sol, hermana Luna» (1972), recreación con aire hippie de la vida de san Francisco de Asís. Entre sus mayores éxitos figuran la producción para televisión «Jesús de Nazaret» (1978) y las óperas filmadas «La Traviata» (1982) y «Otello» (1986).

Una recepción floja tuvo «El joven Toscanini», retirada en Venecia después de una única exhibición en 1988, así como la adaptación de « Hamlet» en 1990, protagonizada por Mel Gibson. Rodeado de perros, adoptó dos hijos, Pippo y Luciano.

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