12 de noviembre 2007 - 00:00
100.000 fieles en beatificación de Ceferino Namuncurá
Hasta en la beatificación de Ceferino Namuncurá hubo diferencias, como en todo acto político. La Iglesia proclamó que 150.000 fieles asistieron a esa ceremonia en Chimpay plagada de símbolos mapuches, pero la Policía bajó el número a 100.000. La entrada del nuevo beato en los catálogos del Vaticano se hizo bajo el control de Tarcisio Bertone, delegado papal, y bajo la atenta mirada de Daniel Scioli, mezclado entre la multitud.
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Al término de la ceremonia, el vicepresidente, Daniel Scioli,
subió rápidamente al escenario para saludar al cardenal
Tracisio Bertone.
Los representantes de los pueblos originarios participaron activamente durante toda la celebración religiosa, que se inició pasadas las 11 y se centró exclusivamente en enaltecer y recordar la figura de este joven mapuche, alumno de salesianos, que eligió el camino del catolicismo para ayudar a su pueblo y que se trasladó a Roma donde murió de tuberculosis antes de ordenarse sacerdote.
Su figura e imagen es recordada con devoción en todas las provincias al sur del río Colorado y son cientos los santuarios que se levantan en distintas partes de las provincias de Río Negro y Neuquén, en homenaje a su obra misionera.
Bertone confirmó que la fiesta religiosa de Ceferino -que quedó a un paso de convertirse en santo- se celebrará el 26 de agosto en esta misma localidad de Chimpay, en coincidencia con su fecha de nacimiento. Este día es recordado anualmente por miles de fieles que llegan hasta aquí de todo el país pero nunca en el número de ayer.
La beatificación de este joven salesiano fue pedida en 1999 a partir del denominado «milagro de Ceferino», mediante el cual una joven cordobesa devota del «indiecito santo» que padecía cáncer de útero y metástasis logró sanarse en pocas horas.
Ayer, el obispo de Viedma, monseñor Esteban Laxague -Chimpay se encuentra dentro de su jurisdicción-, fue el encargado de pedirle formalmente a Bertone la beatificación de Ceferino a lo que el delegado papal respondió con un «Ceferino es beato», provocando el entusiasmo de miles de fieles que agitaban pañuelos y banderas, destacándose las coloridas mapuches, cuyos integrantes ofrecieron previamente rogativas y se refirieron extensamente a la integración de ambas culturas.
Bertone respondió con que «el Evangelio no destruye los valores auténticos de una cultura, sino que los purifica y los perfecciona». Los hermanos de raza de Ceferino -Hermelinda Painequeo y Aparicio Millapi- también pidieron en lengua mapuche y español la beatificación del joven mapuche.
El delegado papal destacó el hecho de que «es la primera vez que se realiza una beatificación en la Argentina y que no se hace en una gran ciudad sino en un pequeño pueblo del interior». En esa decisión tuvo mucho que ver el cardenal Bergoglio, según reveló posteriormente el rector de la Congregación de los Salesianos, monseñor Pascual Chávez Villanueva.
Bertone reveló los deseos de Ceferino de defender su tierra y sus raíces indígenas y exhaltó la virtud de interrelacionar su cultura con la cristiana a partir de las enseñanzas de San Juan Bosco y Santo Domingo Savio bajo la advocación de la Virgen María Auxiliadora.
Una carta del papa Benedicto XVI dirigida a la celebración y al pueblo argentino dio gracias «al testimonio extraordinario de Ceferino Namuncurá, que animado por su devoción a la Eucaristía y por su amor a Cristo, deseaba ser salesiano y sacerdote para mostrar el camino hacia el cielo a sus hermanos mapuches».
La misa que se celebró a continuación de la beatificación de Ceferino fue celebrada por Bertone acompañado de Bergoglio y monseñor Estanilao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal Argentina. Si bien había expectativas por el mensaje de Bergoglio, el prelado se limitó exclusivamente a exhaltar la liturgia aunque convocó a la misericordia de la Iglesia y de los fieles para perdonar ofensas.
«Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad, de amor, de libertad, de Justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando», se le escuchó.



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