La forma en que una sociedad habla de las personas mayores también influye en el lugar que les asigna. Los términos elegidos, las imágenes que circulan y las historias que llegan a los medios pueden reforzar prejuicios o contribuir a una mirada más respetuosa sobre el envejecimiento. La Caja de Jubilaciones, Pensiones y Retiros de Córdoba presentó una guía orientada a transformar la comunicación sobre las vejeces.
Adiós al edadismo: la iniciativa de la Caja de Jubilaciones de Córdoba para cambiar la mirada sobre la vejez
Un material reúne criterios, ejemplos y recomendaciones sobre imágenes, expresiones, derechos, diversidad y participación en esta etapa vital.
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El envejecimiento atraviesa experiencias diversas, marcadas por las trayectorias personales, las condiciones sociales y las oportunidades de participación.
La propuesta busca revisar las maneras habituales de representar esta etapa de la vida y promover mensajes que reconozcan a las personas mayores como protagonistas, con derechos, experiencias y proyectos propios.
La iniciativa pone sobre la mesa una cuestión que atraviesa tanto al periodismo como a las instituciones públicas: el modo de comunicar también puede generar exclusión.
Qué es el edadismo y cómo afecta la vida cotidiana de los adultos mayores
El edadismo comprende los estereotipos, los prejuicios y las conductas discriminatorias vinculados con la edad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) distingue tres dimensiones: lo que pensamos, lo que sentimos y cómo actuamos frente a otras personas por su edad. El fenómeno puede afectar a cualquier generación, aunque sus consecuencias tienen un peso particular durante la vejez.
Según la OMS, los prejuicios relacionados con la edad están extendidos a escala mundial y pueden perjudicar la salud, el bienestar y el ejercicio de los derechos. Entre sus manifestaciones aparecen las actitudes paternalistas, la exclusión de espacios de decisión y las suposiciones sobre las capacidades de una persona basadas únicamente en sus años.
En la vida cotidiana, el problema no siempre se presenta de forma evidente. Puede aparecer cuando alguien supone que una persona mayor no sabe manejar un celular, cuando se le habla en un tono infantil sin motivo o cuando se decide por ella sin consultarle. También ocurre si se considera que aprender algo nuevo, iniciar una relación afectiva o desarrollar un proyecto laboral ya no corresponde a determinada edad.
Estas actitudes pueden parecer inofensivas, pero reducen la autonomía y limitan las oportunidades de participación. Incluso pueden incorporarse a la propia percepción: alguien que escucha durante años que es demasiado grande para hacer determinadas cosas puede terminar abandonando actividades que todavía desea realizar.
La invisibilización de las mujeres mayores en los medios
La representación de la vejez también está atravesada por las desigualdades de género. Para muchas mujeres, el envejecimiento implica enfrentar una doble vara: los prejuicios por la edad se combinan con mandatos sociales relacionados con la apariencia física, la juventud y los roles tradicionalmente asignados a lo femenino.
Las canas y las arrugas, por ejemplo, pueden interpretarse como signos de experiencia en los varones, mientras que en las mujeres suelen estar asociadas con la pérdida de atractivo. Esta diferencia no se limita a la publicidad o a los contenidos de entretenimiento: también influye en quiénes reciben atención pública, qué historias se cuentan y qué voces se consideran autorizadas para opinar.
En las noticias, las mujeres mayores aparecen con frecuencia vinculadas con la jubilación, la salud, la viudez o las tareas de cuidado. Esos temas forman parte de sus experiencias, pero no alcanzan para describir sus vidas. También pueden ser profesionales, referentes barriales, artistas, dirigentes, emprendedoras o personas que comienzan nuevos proyectos después de los 60 años.
El rol de las instituciones en la promoción del trato digno e inclusivo
La guía presentada por la Caja de Jubilaciones de Córdoba se inscribe en una discusión más amplia sobre la responsabilidad de quienes producen y difunden información. Las instituciones públicas tienen un papel relevante porque sus comunicaciones llegan a distintos sectores de la sociedad y contribuyen a establecer criterios sobre cómo se nombra, se atiende y se representa a las personas mayores.
En 2021, la entonces Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia difundió diez recomendaciones para una comunicación responsable sobre este grupo etario. El material propuso incorporar una perspectiva de derechos, revisar los prejuicios instalados y dar lugar a las experiencias y voces de sus protagonistas. También incluyó la perspectiva de género y la diversidad sexual.
Estas orientaciones permiten pensar cambios sencillos, pero relevantes: evitar expresiones que infantilicen, no presentar la edad como sinónimo automático de enfermedad y consultar a las personas involucradas antes de describir sus necesidades. En las imágenes, el criterio también importa. Mostrar únicamente bastones, residencias o personas solas puede reforzar una asociación automática entre vejez y dependencia.
La iniciativa cordobesa abre así una oportunidad para revisar prácticas que suelen pasar inadvertidas. Su alcance dependerá, en buena medida, de que las recomendaciones se traduzcan en criterios de trabajo, capacitación y revisión cotidiana de los mensajes, tanto dentro de los organismos públicos como en los espacios periodísticos.
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