Más de 158 millones de electores votan este domingo en Brasil en un ballotage que mira todo el continente. El actual presidente Lula da Silva busca la hazaña y ser el primero en ganar una segunda vuelta después de haber terminado segundo en la primera. El derechista Flávio Bolsonaro aspira a quedarse con la elección y concretar al vuelta al poder del movimiento que fundó su padre Jair, hoy detenido por un intento de golpe de Estado. La tendencia y la historia marca que el favorito es Bolsonaro, pero las últimas encuestas muestran una levantada de Lula hasta un empate técnico.
Lula da Silva o Flávio Bolsonaro: Brasil vota en una elección que mira el continente
Más de 158 millones de brasileños van a las urnas este domingo. Las encuestas muestran una levantada del actual presidente, pero en un escenario más favorable para el candidato del Partido Liberal. Los mercados están atentos al resultado. Los gobiernos latinoamericanos también.
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Brasil llega a las urnas con Bolsonaro al frente, pero con final abierto.
Con el 100% de los votos escrutados, la primera vuelta arrojó una victoria de Bolsonaro hijo con un 47,03%, sumando un total de 56,1 millones de votos. En esa ocasión, Lula alcanzó el 45,16% con 53,8 millones de votos. Con una diferencia de poco menos de dos puntos porcentuales, el margen de votos observado entre ambos fue el más pequeño desde el retorno a la democracia.
Lula va por la cuarta
Luiz Inácio Lula da Silva enfrenta el domingo 25 de octubre una de las elecciones más ajustadas de su trayectoria, en un balotaje contra Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Tras quedar segundo en la primera vuelta, el mandatario de 80 años busca revertir la diferencia y conseguir un cuarto mandato no consecutivo al frente de Brasil.
La historia de Lula comenzó lejos del poder. Nació en 1945 en Pernambuco, en una familia de bajos recursos, y se trasladó durante su infancia a San Pablo. Trabajó desde joven y se convirtió en dirigente metalúrgico durante la dictadura militar, cuando encabezó huelgas que lo proyectaron a la escena nacional.
Fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT) y llegó por primera vez a la Presidencia en 2003, después de tres derrotas electorales. Tras dos mandatos consecutivos, su carrera quedó golpeada por las causas de corrupción que afectaron a su espacio político. En 2018 fue encarcelado, pero las condenas fueron anuladas y recuperó sus derechos políticos.
En 2022 regresó al Palacio del Planalto al derrotar por un margen estrecho a Jair Bolsonaro. Ahora, a los 80 años y frente al hijo de su antiguo rival, Lula vuelve a poner a prueba su liderazgo en una elección que puede redefinir el rumbo político de Brasil.
Flávio Bolsonaro, un candidato presidencial bajo la sombra de su padre
Flávio Bolsonaro llega a la recta final de la campaña presidencial brasileña con la posibilidad de suceder a su padre como principal apuesta de la derecha, en una elección que se definirá el domingo 25 de octubre frente al presidente Luiz Inácio Lula da Silva. El senador busca capitalizar el respaldo del electorado bolsonarista, aunque su candidatura también quedó atravesada por una investigación judicial y por la disputa sobre el legado político familiar.
Nacido en el estado de Río de Janeiro, Flávio es el mayor de los cinco hijos de Jair Bolsonaro. Abogado de profesión, comenzó su carrera política como diputado estatal a los 21 años y llegó al Senado a los 37.
En comparación con su padre, el senador suele exhibir un tono más moderado y una imagen menos confrontativa. Sin embargo, su identidad política continúa ligada al expresidente, condenado por su participación en un intento de golpe de Estado y convertido en la figura central del bolsonarismo.
Durante un acto en Río de Janeiro, Flávio reconoció la dificultad de construir una trayectoria propia frente a una figura de semejante peso. "Es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé", afirmó, y definió a su padre como su "brújula". También se describió como un Bolsonaro "más moderado".
La estrategia apunta a conservar el respaldo de los votantes que acompañaron al expresidente y, al mismo tiempo, atraer a sectores que desconfían de su estilo político. En la recta final, el candidato necesita ampliar su base electoral sin perder el apoyo de quienes ven en su apellido una continuidad del proyecto de Jair Bolsonaro.
Milei en el medio de la campaña brasileña
La campaña también tuvo una dimensión regional. El presidente argentino Javier Milei respaldó públicamente a Flávio desde el lanzamiento de su candidatura, celebrado en julio, y cuestionó al gobierno brasileño. El senador agradeció ese apoyo después de la primera vuelta y expresó su expectativa de acercar las relaciones entre ambos países si gana el balotaje.
El vínculo con Milei forma parte de una estrategia que busca mostrar afinidad con otros referentes de la derecha internacional. Flávio también elogió las políticas de seguridad de Nayib Bukele en El Salvador y prometió endurecer las medidas contra el delito, una de las principales banderas de su campaña.
Del otro lado, Lula busca impedir el regreso del bolsonarismo al Palacio del Planalto. Con los sondeos ajustados y el debate electoral concentrado en los últimos días, la segunda vuelta definirá si el apellido Bolsonaro vuelve a la Presidencia brasileña o si el actual mandatario consigue un cuarto período no consecutivo.
La elección también pondrá a prueba la capacidad de Flávio para construir una identidad política propia: su principal fortaleza electoral es la herencia de su padre, pero esa misma asociación condiciona su imagen y expone su candidatura a las controversias que rodean al clan familiar.
Desaceleración económica y ajuste: el mercado evalúa las perspectivas para Brasil después de las elecciones
Ya sea el actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, o el candidato opositor, Flávio Bolsonaro, quien se corone vencedor del balotaje de este domingo deberá hacer frente a un escenario económico que no estará exento de desafíos en 2027. La próxima gestión deberá lidiar con elevadas tasas de interés y la gran carga fiscal de la administración brasileña, lo que amenaza con un enfriamiento de la actividad económica.
Se trata de una idea que tiene consenso entre los analistas e inversores. Por caso, BBVA Research sostuvo que el crecimiento "sigue moderándose" y proyectó que alcance el 2,1% en 2026 y el 1,8% en 2027, "con riesgos sesgados a la baja".
El economista de la consultora Eco Go, Honorio Zabaleta, explicó a Ámbito que la prioridad que deben tener ya sea Lula o Bolsonaro “es presentar un programa fiscal creíble que permita estabilizar la deuda pública y reducir la incertidumbre” en un contexto en que el déficit fiscal financiero es equivalente al 9% del PBI, según sus estimaciones.
Consideró que Lula probablemente se enfocaría “más en el control de los gastos, manteniendo las políticas sociales y la inversión pública”, aunque consideró que le “resultará difícil” de mostrarse creíble frente a los inversores.
Por otro lado, planteó que “es más probable” que Bolsonaro ejecute “una agenda de mayor disciplina fiscal, de reducción del gasto, privatizaciones y reformas estructurales”. De todas maneras, el hijo de Jair Bolsonaro aclaró públicamente que no tiene planes para privatizar Petrobrás, el Banco do Brasil ni la Caixa Econômica Federal.
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